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Tener una segunda vivienda y mantenerla vacía aunque pueda generar cerca de 900 euros al mes puede parecer una decisión difícil de entender. Sin embargo, para algunos propietarios la rentabilidad ha dejado de ser el único criterio. Es el caso de un propietario de Vallirana que ha decidido retirar su segunda residencia del mercado del alquiler y resume su decisión con dos palabras: “Seguridad y tranquilidad”. Prefiere renunciar a esos ingresos antes que asumir los problemas que, según explica, puede implicar volver a alquilarla.

La cifra tampoco resulta extraña para la zona. En Vallirana pueden encontrarse actualmente pisos de unos 90 metros cuadrados anunciados alrededor de los 900 euros mensuales, mientras que otras viviendas de características parecidas se sitúan cerca de los 970 euros. Es decir, mantener una segunda residencia fuera del mercado puede significar renunciar a más de 10.000 euros brutos al año.

Prefiere tener la vivienda disponible

La decisión responde sobre todo a la necesidad de conservar el control sobre el inmueble. Para muchos pequeños propietarios, alquilar ya no consiste únicamente en cobrar una mensualidad. También implica seleccionar inquilinos, gestionar averías, afrontar posibles desperfectos y aceptar que durante varios años la vivienda no estará disponible para otros usos personales o familiares.

Ajuntament de Vallirana - ACN

En este caso, la segunda residencia tiene además un valor que va más allá de su posible rentabilidad. Mantenerla libre permite utilizarla cuando sea necesario, prestar la vivienda a familiares o disponer de ella inmediatamente si cambian las circunstancias. Esa flexibilidad es precisamente la que algunos propietarios consideran más valiosa que una renta mensual elevada.

Más de 10.000 euros al año que decide no ingresar

Con un alquiler de 900 euros mensuales, la vivienda podría generar aproximadamente 10.800 euros brutos al año antes de impuestos, mantenimiento y otros gastos. El mercado de Vallirana muestra además una oferta reducida y precios que pueden superar ampliamente esa cantidad dependiendo del tamaño y las características del inmueble.

Aun así, este propietario considera que la ecuación no compensa. Su caso refleja un fenómeno cada vez más visible: viviendas que podrían incorporarse al mercado del alquiler pero cuyos dueños prefieren mantener fuera por razones de tranquilidad, disponibilidad o percepción de riesgo. Para él, los 900 euros mensuales tienen un valor evidente, pero no suficiente. Su prioridad es otra: saber que la casa continúa disponible y bajo su control, aunque eso signifique renunciar cada año a varios miles de euros.