Peyu encontró una manera muy suya de explicar la tranquilidad de vivir en Muntanyola. Preguntado por la posibilidad de viajar lejos para evitar que lo reconocieran, el humorista respondió que tampoco necesitaba marcharse demasiado: en el municipio donde vivía podía disfrutar de ese anonimato. Lo resumió con una broma que retrata su distancia respecto a las multitudes: “No hay nadie que me reconozca. No hay nadie”.
La declaración apareció en una entrevista publicada por Revista de Vic en agosto de 2017. Durante la conversación, explicó que había viajado a Namibia y Uganda, aunque no lo había hecho para escapar de su popularidad. También expresó sus ganas de pasar las siguientes vacaciones en casa. El contraste estaba servido: podía recorrer miles de kilómetros, pero quedarse en su entorno también le ofrecía tranquilidad.
Un municipio de Osona con espacio entre vecinos
Muntanyola pertenece a Osona y presenta una distribución que ayuda a entender el sentido de la broma. Los datos del Idescat correspondientes a enero de 2024 situaban su población en 712 habitantes, repartidos en un término de 40,32 kilómetros cuadrados. El municipio incluye el núcleo de Fontanelles y distintos ámbitos de población diseminada, entre ellos Múnter y Rústiques Muntanyola.

Es una escala distinta a la de un entorno urbano donde las calles concentran continuamente desplazamientos y encuentros. La distancia entre viviendas y la presencia de población diseminada ofrecen otro marco para la vida cotidiana. La frase del humorista exagera esa sensación hasta convertirla en un remate: el anonimato parece sencillo cuando apenas hay alguien alrededor que pueda interrumpirlo. El paisaje humano también forma parte de la elección de un hogar.
Ser conocido sin estar siempre disponible
En aquella entrevista, Peyu también distinguió entre la mayoría de personas que se acercaban con educación y una minoría cuyo comportamiento resultaba molesto. Explicó que procuraba evitar determinadas aglomeraciones, especialmente aquellas donde había mucha gente bebida. Su reflexión mostraba una convivencia con la popularidad llena de matices: podía agradecer el reconocimiento por su trabajo y, al mismo tiempo, preferir espacios donde pasar más inadvertido.
Esa diferencia permite entender el atractivo de volver a casa. Tener una profesión pública no implica querer mantener el mismo grado de exposición durante el descanso. Un entorno poco concurrido ofrece la posibilidad de separar ambos tiempos y recuperar una rutina propia. En la broma sobre Muntanyola, lo extraordinario acaba siendo algo cotidiano: poder quedarse cerca, disfrutar del lugar donde se vive y no necesitar un viaje para desconectar.