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Para entender de dónde sale parte del humor de Peyu, hay que entrar en la casa donde creció. Su familia tenía un restaurante y eso hacía que la vida doméstica se mezclara con la de quienes acudían al establecimiento. Desde pequeño compartió espacio con personas que iban a tomar café o a jugar a las cartas. Aquella convivencia cotidiana terminó convirtiéndose en una fuente de personajes, expresiones y maneras de observar.

El humorista recordó ese ambiente en el programa Llapis de memòria, de SER Catalunya. “Entraba gente a jugar a casa que ni sabíamos quién era”, explicó en catalán. Criado en Les Masies de Voltregà, describió una infancia de puertas abiertas, con una circulación de personas que formaba parte de la normalidad familiar. Al evocarla, también señaló que esa manera de relacionarse se ha ido perdiendo con el tiempo.

Una casa donde siempre había alguien más

El restaurante permite entender mejor la anécdota. La vivienda y el negocio familiar componían un entorno donde el contacto con otras generaciones era habitual. En una entrevista con Nació, Peyu explicó que haber convivido desde niño con clientes y personas mayores le había aportado un bagaje cultural y expresivo. Su relación con el pueblo también se construyó escuchando a quienes se sentaban cerca y compartían aquel espacio.

Peyu Jair TV3

Ese aprendizaje aparece en su manera de hacer comedia. En la misma conversación, señaló que disfruta observando la vida cotidiana y exagerando personajes que el público reconoce: familiares, mayores o figuras que recuerdan a alguien cercano. La casa de su infancia ofrece una imagen concreta de ese universo. Antes de trasladar esas voces al escenario, había tenido ocasión de conocerlas dentro del entorno en el que vivía cada día.

El vínculo con el pueblo siguió después

Su relación con ese paisaje continuó en la edad adulta. En una conversación con Roger Escapa para El suplement, explicó cómo comenzó su proyecto con cabras después de comprar una casa en Muntanyola. Tenían un margen que necesitaban desbrozar y adquirieron dos cabras enanas. Lo que empezó de aquella manera acabó abriendo otro camino, relacionado con los animales, la elaboración de queso y el trabajo sobre el terreno.

En aquella entrevista también habló de su necesidad de regresar a actividades físicas después de dedicar tantas horas a pensar guiones y crear historias. Construir una valla para las cabras le servía para volver a algo tangible. Entre aquel niño que compartía casa con los clientes del restaurante y el adulto que busca ese contacto con el entorno hay un vínculo reconocible: los lugares que habita siguen alimentando su forma de mirar.