Ona Carbonell, sobre la alimentación de sus hijos: “Comen endivias, mejillones y coliflor”

Ona Carbonell ha trasladado a la crianza una parte importante de la disciplina que marcó su carrera deportiva. La exnadadora ha hablado en varias ocasiones de cómo intenta educar a sus hijos también a través de la alimentación, evitando reducir su dieta a los sabores más fáciles o previsibles. “Comen endivias, mejillones y coliflor”, ha explicado al describir una forma de comer en casa basada en ofrecer variedad desde pequeños y normalizar alimentos que muchos niños rechazan.

Para Carbonell, la clave no está en imponer determinados platos, sino en conseguir que formen parte de la rutina familiar. Sus hijos han crecido viendo en la mesa verduras, pescado, legumbres y alimentos con sabores más intensos, de manera que no se conviertan en algo extraño cuando aparecen en el plato. Esa exposición repetida hace que productos como la endivia o el mejillón no sean considerados excepcionales, sino simplemente una opción más dentro de la comida diaria.

No preparar siempre un menú diferente para los niños

Uno de los errores más frecuentes en muchas casas es asumir desde el principio que los niños no van a aceptar determinados alimentos. Eso lleva a prepararles platos distintos, normalmente más simples, y a reducir poco a poco la variedad de su dieta. El enfoque de Carbonell va en la dirección contraria: presentar alimentos diferentes sin convertir cada comida en una negociación y permitir que el gusto se vaya formando con el tiempo.

Ona Carbonell   Instagram
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La aceptación no tiene por qué ser inmediata. Un niño puede rechazar un alimento varias veces antes de acostumbrarse a su sabor o textura. Por eso, los especialistas suelen insistir en que conviene volver a ofrecerlo más adelante, sin castigos ni presión excesiva. La familiaridad también influye: ver a los adultos comer con normalidad aquello que se sirve facilita que los niños lo perciban como parte habitual de la alimentación.

Comer variado también se aprende en casa

La experiencia de Carbonell muestra además la importancia del ejemplo. Si los adultos eliminan sistemáticamente verduras, pescado o determinados productos de su propio plato, resulta más difícil pedir a los pequeños que los acepten. La educación alimentaria se construye también por imitación, especialmente durante los primeros años, cuando los niños observan constantemente los hábitos de quienes tienen alrededor.

Que sus hijos coman endivias, mejillones o coliflor no significa que nunca rechacen nada ni que todas las comidas sean perfectas. La idea es otra: ampliar el repertorio desde pequeños y evitar etiquetar determinados alimentos como “de adultos”. Carbonell resume así una estrategia bastante sencilla: cuanto más normal sea encontrarse sabores distintos en casa, menos extraordinario resulta probarlos. Y esa variedad puede terminar convirtiéndose en una herramienta útil para toda la vida.