Amancio Ortega posee algunas de las propiedades más valiosas y conocidas de España, pero uno de sus refugios más especiales no está ni en Madrid ni en Barcelona. Se encuentra en las Rías Baixas, concretamente en Sanxenxo, una de las localidades más exclusivas y reconocibles de la costa gallega. Allí conserva una casa señorial muy vinculada a sus primeros años como empresario de éxito y a sus primeras vacaciones de alto nivel.
La propiedad tiene además un fuerte componente emocional. Fue en esa zona donde Ortega empezó a disfrutar de veranos más tranquilos cuando Inditex comenzaba a crecer con fuerza. Lejos de grandes capitales y del ruido empresarial, Sanxenxo se convirtió en un lugar asociado al descanso, al mar y a una forma mucho más discreta de pasar el tiempo.
Una casa señorial del siglo XVII
La vivienda se levanta sobre un terreno de aproximadamente 4.500 metros cuadrados y está protegida por muros de piedra que refuerzan tanto la privacidad como el carácter tradicional de la finca. Se trata de una construcción señorial del siglo XVII, muy alejada de la imagen de una mansión moderna llena de elementos llamativos.

Aunque no existen fotografías públicas detalladas del interior, las descripciones coinciden en que predominan la arquitectura gallega, los jardines amplios y los espacios pensados para descansar. El lujo está presente, pero de una manera discreta, sin recurrir a grandes exhibiciones.
Sanxenxo, un refugio ligado a sus primeros veranos
Ese carácter encaja especialmente bien con la personalidad pública que siempre ha acompañado a Ortega. A pesar de su enorme fortuna, ha mantenido históricamente un perfil bajo y una relación muy estrecha con Galicia. Por eso, una propiedad rodeada de piedra, vegetación y privacidad parece mucho más coherente con su manera de entender el descanso que una residencia excesivamente ostentosa. Sanxenxo, además, ofrece todo lo que podía buscar en aquellos primeros veranos: mar, tranquilidad y distancia suficiente del ritmo empresarial sin alejarse de su tierra. La vivienda terminó convirtiéndose así en algo más que una inversión inmobiliaria.
Entre todas sus propiedades, esta casa destaca precisamente porque conserva una historia personal. No es únicamente una mansión señorial en una de las zonas más cotizadas de Galicia, sino también uno de los lugares donde Amancio Ortega empezó a disfrutar del éxito lejos del trabajo, manteniendo siempre la discreción como una de sus principales señas de identidad.