Las cocinas con isla se han convertido en una de las imágenes más deseadas de cualquier reforma, pero no siempre son la mejor solución. La interiorista Natalia Zubizarreta advierte de que antes de enamorarse de una distribución vista en una revista o en redes sociales hay que comprobar si la vivienda realmente puede asumirla. “Para conseguirla, hace falta bastante espacio”, explica al hablar de uno de los recursos que más condiciona la circulación dentro de la cocina.
El problema no es únicamente el tamaño de la isla. También hay que reservar espacio suficiente alrededor para abrir cajones, electrodomésticos y armarios sin bloquear el paso. Una cocina puede parecer amplia en plano y, sin embargo, volverse incómoda cuando se añade una pieza central demasiado grande. Por eso, Zubizarreta insiste en que la proporción debe imponerse al deseo de introducir una isla a cualquier precio.
No basta con que la isla quepa
Una distribución correcta necesita dejar pasillos cómodos entre la isla y el resto del mobiliario. En términos generales, conviene mantener alrededor de un metro de separación, y algo más si coinciden varias zonas de trabajo o si hay puertas que se abren hacia ese espacio. Cuando esas distancias se reducen demasiado, cocinar deja de ser cómodo y dos personas pueden estorbarse continuamente.

También importa la función que se quiera dar a la isla. No ocupa lo mismo una superficie auxiliar para preparar alimentos que una pieza con fregadero, placa de cocción, almacenaje y taburetes. Cada uso añade necesidades técnicas y de circulación. Si además incorpora electrodomésticos, habrá que planificar instalaciones eléctricas, extracción, fontanería o desagües antes de decidir su ubicación definitiva.
Una península puede resolver mejor el espacio
Cuando la cocina no tiene metros suficientes, una península puede ofrecer muchas de las ventajas de una isla sin exigir tanta superficie libre. Al apoyarse en una pared o en el propio mobiliario, permite ganar encimera, almacenaje y una pequeña zona para comer manteniendo una circulación mucho más sencilla. En viviendas pequeñas o cocinas estrechas puede ser una alternativa considerablemente más práctica.
La recomendación de la interiorista apunta, en definitiva, a diseñar según el espacio real y no según una tendencia. Una isla puede transformar una cocina amplia y convertirse en su centro funcional, pero en una estancia justa puede producir exactamente el efecto contrario. Antes de decidirse conviene medir recorridos, aperturas y zonas de trabajo. Si para introducirla hay que sacrificar comodidad, probablemente la mejor cocina sea precisamente la que prescinde de ella.