Natalia Forès tiene hoy una cartera de unas veinte viviendas en alquiler, pero su entrada en el mundo inmobiliario empezó precisamente porque no podía comprar la casa que quería para ella. Arquitecta de formación y natural de Reus, vivía en París cuando empezó a preguntarse cómo podía construir patrimonio en una ciudad donde los precios estaban muy por encima de sus posibilidades.
Lo contó en una entrevista en el canal de YouTube Inmo Aventuras. “Estábamos viviendo en París, en una ciudad cara, yo me di cuenta de que no me podía comprar un piso allí o a lo mejor sí, pero solo tipo estudio”, recordó. Aquella opción no encajaba con el futuro que imaginaba y terminó convirtiéndose en el punto de partida de su estrategia como inversora.
De no poder comprar en París a invertir en Reino Unido
Forès decidió empezar a formarse porque, según reconoce, en aquel momento “no tenía ni idea de invertir”. Su objetivo era generar ingresos pasivos y encontrar oportunidades fuera de los mercados más caros.

El primer paso no llegó ni en España ni en Francia, sino en Reino Unido. Allí abrió una sociedad limitada y empezó a comprar viviendas en Escocia. Algunas estaban destinadas a inquilinos que reciben ayudas públicas, un modelo que ella valoró por la estabilidad de los pagos.
Una cartera que ya ronda las veinte viviendas
Después llegaron nuevas operaciones. Compró una casa para alquilar por habitaciones en las afueras de Nottingham y participó en otros proyectos en los que dividía inmuebles para crear varias unidades independientes.
Con el tiempo, su cartera ha crecido hasta rondar las veinte viviendas entre Francia y Reino Unido. Uno de sus últimos proyectos consiste en transformar un edificio en ocho pisos, con el que calcula que podrá obtener más de 3.600 euros mensuales y una rentabilidad cercana al 11%. La paradoja es evidente: Natalia empezó a invertir porque no podía permitirse la vivienda que quería en París y acabó convirtiendo aquella dificultad en una estrategia profesional.
Su caso muestra también un cambio de mentalidad. En lugar de esperar a poder comprar su casa ideal, empezó buscando inmuebles más asequibles, en otros mercados y con una lógica puramente de inversión. Años después, aquella frustración inicial se ha convertido en una cartera de unas veinte propiedades y en una forma de vida completamente ligada al ladrillo.