Narcís Bardalet contó en Col·lapse, de TV3, que había llevado a sus hijos a algún levantamiento de cadáver cuando eran pequeños. Lo explicó al hablar de la relación que mantenemos con la muerte. Para el médico, familiarizarse con ella desde joven forma parte de una manera de entender la vida marcada por su experiencia profesional y personal.
“A mis hijos los he llevado al levantamiento de un cadáver. De pequeños”, afirmó. Bardalet acompañó esa revelación con su convicción de que es bueno hablar de la muerte con los jóvenes. Su argumento partía de considerarla un hecho cotidiano y de reconocer la fragilidad de la vida. Aquella decisión familiar encajaba con una postura que ha defendido públicamente: dar espacio a una conversación que suele resultar incómoda.
Un miedo que empezó cuando tenía ocho años
En este sentido, su propia infancia ayuda a entender esa posición. También, recordó que a los ocho años había visto muerta a la abuela de un amigo. Era una mujer que les preparaba la merienda antes de salir a jugar. Encontrarla sin vida le produjo una impresión y despertó preguntas que continuaron acompañándolo durante los años siguientes.

A los catorce, pidió permiso para presenciar una autopsia. Según explicó, quería volver a encontrarse con esa realidad para afrontar el impacto de la primera experiencia. El interés acabaría orientándolo hacia la medicina forense. Su trayectoria nació, por tanto, de una inquietud personal que transformó en una profesión dedicada a investigar las circunstancias de la muerte y encontrar respuestas donde antes había sentido miedo.
Conocer la muerte para valorar la vida
De esta manera, su reflexión en Col·lapse desembocó en una invitación a vivir intensamente, cuidarse y buscar la felicidad. También cuestionó la tendencia a lamentarse por las molestias de la edad sin valorar haber llegado hasta ella. Lo planteaba desde el conocimiento de quienes murieron mucho antes. Para él, cumplir años merece ser contemplado con una perspectiva que incluya esa posibilidad de haber seguido viviendo.
Así pues, la anécdota de sus hijos resume una forma personal de abordar un asunto difícil. Bardalet ha hablado de la muerte desde el trabajo, desde sus recuerdos infantiles y desde la paternidad. En todos esos ámbitos aparece una misma preocupación: entender que la vida puede terminar y utilizar esa conciencia para apreciar mejor el tiempo compartido con los demás.