Martina Klein empezó a trabajar como modelo siendo todavía muy joven, pero verse convertida en una imagen pública no fue algo que llevara con naturalidad desde el principio. En una entrevista en Fake Night, recogida por 3Cat, recordó la enorme vergüenza que sintió la primera vez que descubrió su propia cara en un cartel publicitario cerca de su entorno habitual.
La reacción fue casi inmediata. Klein pidió a sus amigos que salieran por la noche para retirar aquellos pósteres cercanos a su escuela porque no quería que sus compañeros descubrieran que estaba trabajando como modelo. "Pedí a mis amigos que los descolgaran durante la noche", explicó al recordar una etapa en la que la exposición pública todavía le resultaba mucho más incómoda que emocionante.
Ser modelo no significaba sentirse cómoda siendo observada
La anécdota resulta especialmente curiosa vista con perspectiva. Klein terminó construyendo una larguísima trayectoria en moda, publicidad y televisión, profesiones donde precisamente ser observada forma parte del trabajo. Sin embargo, al principio existía una separación enorme entre aquella adolescente y la imagen que empezaba a aparecer en campañas.

También ayuda a entender cómo fueron sus inicios. Su carrera no explotó de un día para otro. Klein ha explicado posteriormente que empezó a trabajar alrededor de los 16 años y que su crecimiento profesional fue muy progresivo, con pequeños anuncios y trabajos antes de alcanzar campañas mucho más importantes.
La fama llegó mucho después que el trabajo
Esa diferencia entre trabajar como modelo y sentirse famosa resulta clave. Para ella, aparecer en aquel cartel no era todavía un símbolo de éxito, sino una situación incómoda que podía hacer que todos los compañeros empezaran a mirarla de manera diferente.
Con los años ocurrió exactamente lo contrario. Su rostro terminó formando parte habitual de campañas, revistas y televisión, y aquella vergüenza inicial quedó convertida en una anécdota de juventud. La historia también desmonta una idea bastante extendida sobre quienes trabajan delante de una cámara. Tener facilidad para posar no implica necesariamente disfrutar de la atención fuera del trabajo.
Martina Klein podía desenvolverse delante de un objetivo y, al mismo tiempo, querer desaparecer cuando veía su propia fotografía pegada cerca del colegio. Aquella primera campaña que debía hacerla sentir orgullosa terminó provocándole justo lo contrario: suficiente vergüenza como para organizar con sus amigos una pequeña operación nocturna destinada a borrar su recién estrenada fama del barrio.