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Marc Ribas tiene un lugar especial en la Costa Brava. Se trata de Tossa de Mar, una localidad donde el cocinero ha pasado numerosos veranos y con la que mantiene una relación que va más allá de las vacaciones. Sus playas y su recinto medieval forman parte del atractivo, pero el vínculo del chef también está ligado a las personas y a los recuerdos que ha construido allí durante años.

El rostro de programas de TV3 ha convertido esta población en uno de sus lugares de descanso, según recoge Crónica Global. Para entender esa elección basta con observar su paisaje: una bahía presidida por murallas, calles estrechas y un litoral donde se alternan playas y pequeñas calas. Una combinación que permite pasar del paseo junto al mar al casco antiguo sin salir del núcleo urbano.

Tossa de Mar, un vínculo que también es personal

El propio Ribas explicó esa relación en una publicación en sus redes sociales: "Tossa está dentro mío, por muchas cosas, sobre todo por mi gente". Sus palabras muestran que el municipio ocupa un espacio emocional en su vida, además de ser un destino al que regresar durante el verano.

Tossa de Mar Marc Ribas TV3

Ese arraigo ayuda a comprender por qué Tossa aparece asociada a su descanso. El atractivo del lugar incluye su identidad marinera y espacios como Sa Roqueta, el antiguo barrio de pescadores. La oficina de turismo describe sus calles estrechas, sus escaleras y sus casas como parte de un entorno que conserva la relación histórica de la población con el mar.

Murallas junto a la playa y paseos sin prisas

La imagen más reconocible del municipio es la Vila Vella, cuyo recinto amurallado fue declarado monumento histórico-artístico en 1931. Sus fortificaciones, levantadas para proteger a la población, dominan el paisaje costero. A sus pies se extiende la Platja Gran, mientras que junto al recinto histórico aparece Es Codolar, una cala pequeña que reúne mar y patrimonio en el mismo escenario.

Además, la localidad ofrece motivos para volver fuera del verano. Su oficina de turismo propone pasear por la playa en otoño, recorrer el camino de ronda o detenerse a comer sin prisas en invierno. Son posibilidades que explican el atractivo de este rincón de la Costa Brava, donde Marc Ribas encuentra un paisaje conocido y conserva vínculos personales que él mismo ha compartido públicamente.