Marc Giró, sobre su infancia: “Nadie nos hacía la cena porque mis padres estaban leyendo”

Marc Giró creció en una casa donde los libros no eran un entretenimiento ocasional, sino una parte central de la vida familiar. Tanto, que ha resumido aquel ambiente con una imagen muy concreta: "Nadie nos hacía la cena porque mis padres estaban leyendo". El presentador recordó su infancia durante una edición especial de La Ventana por Sant Jordi, explicando que en su familia leer era prácticamente una obligación cotidiana.

Sin embargo, aquella educación literaria no siempre fue fácil para él. Giró ha contado que tenía dislexia y que precisamente por eso leer le exigía más esfuerzo que a otras personas. Mientras en casa se valoraban muchísimo los libros, él tenía que enfrentarse a una actividad que durante años le resultó lenta y frustrante. La presión familiar terminó formando parte de su relación inicial con la lectura.

En su casa estaba mal visto no leer

La lectura tenía tanta importancia que Giró recuerda haber crecido con la sensación de que no hacerlo estaba mal visto. Sus padres convertían los libros en una actividad tan natural como comer o descansar, y eso hizo que su infancia estuviera rodeada constantemente de literatura, aunque él tardara en descubrir el placer de leer por iniciativa propia.

marc giro
marc giro

El cambio llegó durante unas vacaciones en un camping. Allí se encontró con Mirall trencat, de Mercè Rodoreda, y aquella lectura modificó su percepción. Por primera vez entendió qué encontraban sus padres en los libros y descubrió que leer podía dejar de ser simplemente una exigencia familiar para convertirse en una experiencia personal.

De la obligación familiar a dirigir un club de lectura

Con los años, aquella relación complicada terminó dando un giro completo. Giró no solo se convirtió en lector habitual, sino que actualmente dirige un club de lectura, mayoritariamente formado por mujeres, donde conversa sobre literatura, feminismo y otras cuestiones sociales. La actividad que durante su infancia estuvo asociada a la obligación acabó ocupando voluntariamente una parte importante de su vida adulta.

La anécdota de la cena explica así mucho más que una costumbre familiar. Giró creció viendo a sus padres completamente absorbidos por los libros y tardó años en comprender aquella pasión. Lo que de niño podía resultarle incomprensible acabó convirtiéndose en una herencia cultural muy concreta: leer, discutir lo leído y entender la literatura como una parte habitual de la vida cotidiana.