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Marc Giró recuerda su infancia con una mezcla de agradecimiento y humor. Al hablar de sus padres, reconoce la suerte de haber crecido en aquella familia, aunque también encuentra contradicciones que le sirven para construir una buena anécdota. Una de ellas tiene como protagonista un juguete, como lo era la Barbie que quería tener de pequeño y que no le compraban. El motivo, según explicó, estaba relacionado con las convicciones políticas de sus padres.

El presentador lo contó durante una conversación con Mercedes Milá en Me meto en un jardín, de La 2. Describió a sus padres como personas cercanas al mundo hippie, comunistas y contrarias a los Estados Unidos. Desde la perspectiva de aquel niño que deseaba una muñeca estadounidense, la situación le llevaba a preguntarse por qué le había tocado precisamente una familia de rojos.

La Barbie que chocaba con las ideas de sus padres

La anécdota sitúa en un objeto cotidiano la distancia entre las razones de los adultos y los deseos infantiles. Para sus padres, aquella muñeca podía entrar en conflicto con sus ideas; para él, era el juguete con el que quería jugar. Giró lo recordó al hablar de cómo vivió su homosexualidad durante los años setenta y ochenta, cuando las expectativas sobre los juegos de los niños eran distintas de las actuales.

La reacció de Marc Giró Atresplayer

Su relato, sin embargo, también incluía un reconocimiento hacia el entorno en el que creció. En la misma entrevista destacó el papel de su familia y la importancia de haber nacido en democracia. Esa valoración permite entender el tono de la historia: la pregunta sobre sus padres funciona como una salida humorística dentro de un recuerdo más amplio, donde conviven el cariño, la gratitud y las pequeñas frustraciones de la infancia.

De no tener aquella muñeca a coleccionarla

Con los años, Giró encontró una manera de recuperar ese deseo pendiente y empezó a comprar Barbies. Explicó que se había desquitado en la edad adulta y detalló que su interés se concentra en modelos concretos. Entre sus favoritas está la Barbie Superstar de 1977, aunque su afición alcanza otras muñecas de aquellos años. La precisión con la que describió sus características mostraba que conoce bien el objeto de aquella ilusión infantil.

La historia reúne varios elementos reconocibles de su manera de contar: una experiencia personal, una referencia política y un remate inesperado. Lo que empieza como una pregunta sobre la familia termina hablando de una colección de muñecas. Entre ambos extremos aparece el recuerdo de un niño cuyos deseos no coincidían siempre con las decisiones de sus padres y de un adulto que ahora puede elegir qué lugar darles en su vida.