Marc Bernal y su infancia: “Pasaba tres horas en un taxi para entrenar, aprovechaba para hacer los deberes”

Marc Bernal recuerda su infancia como una etapa marcada por el fútbol, los estudios y viajes interminables entre Berga y Barcelona. Cuando tenía siete años, el Barça lo incorporó a su cantera y su rutina cambió por completo. Como todavía era demasiado pequeño para vivir en La Masia, debía desplazarse varios días por semana hasta la Ciudad Deportiva Joan Gamper para entrenar.

“Pasaba más de tres horas al día en un taxi para entrenar”, ha explicado. Bernal era el primero al que recogían y el último al que dejaban en casa. Salía antes del colegio, recorría distintos pueblos mientras subían otros jóvenes futbolistas y, después del entrenamiento, regresaba a Berga. Al día siguiente debía levantarse pronto y volver a clase.

El taxi también se convirtió en una sala de estudio

Aquellas horas de carretera no podían desperdiciarse. Bernal aprovechaba parte del trayecto para hacer los deberes junto a otros niños que perseguían el mismo sueño. Entre mochilas, libros y conversaciones sobre fútbol, el taxi funcionaba como una extensión del colegio. Era la única manera de compatibilizar una formación deportiva exigente con las obligaciones académicas de alguien que todavía estaba en primaria.

EuropaPress 7222490 marc bernal of fc barcelona lamenting during the spanish cup copa rey round
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La rutina se repetía tres veces por semana y podía llevarlo a regresar a casa a las once o las once y media de la noche. Pese a la dureza, Bernal reconoce que entonces no lo vivía como un sacrificio extraordinario. Subía al coche, hablaba con sus compañeros, entrenaba y volvía. Solo con los años ha entendido la dimensión del esfuerzo que asumieron él y su familia.

De Berga a La Masia sin olvidar su origen

A los catorce años llegó el siguiente gran cambio: ingresar en La Masia. Dejó atrás los trayectos diarios, pero también tuvo que separarse de sus padres y de la vida que conocía en Berga. El paso fue difícil para todos, aunque terminó siendo la solución que permitió al centrocampista concentrarse plenamente en su crecimiento deportivo y académico sin pasar tantas horas cada semana en la carretera.

Hoy, ya instalado en el primer equipo del Barça, Bernal sigue regresando siempre que puede a su pueblo. Aquellos viajes explican parte de su personalidad: paciencia, disciplina y una capacidad poco habitual para asumir rutinas exigentes desde niño. Mientras otros aprovechaban la tarde para descansar, él hacía deberes en un taxi antes de entrenar. No sabía si llegaría a profesional, pero cada jornada repetía el mismo esfuerzo. La élite llegó años después; la constancia había empezado mucho antes, en una carretera entre Berga y Barcelona.