Manel Fuentes recuerda sus veranos de infancia como una época muy alejada de los grandes viajes o los destinos exclusivos. El presentador ha explicado que aquellas vacaciones se construían con cosas mucho más sencillas: un Renault 5 completamente cargado, una playa cualquiera y la sensación de que no hacía falta demasiado para pasarlo bien. “Recuerdo las vacaciones, con el Renault 5 cargado hasta los topes, llegando a cualquier playa semicutre”, ha contado al rememorar esos años.
El recuerdo tiene además un componente muy familiar y de barrio. No importaba demasiado dónde acabarían ni si la playa era especialmente bonita. Lo importante era llegar, instalarse y compartir el día con quienes estuvieran alrededor. Fuentes recuerda que siempre aparecían vecinos simpáticos que llevaban patatas fritas, aceitunas y algo para picar, convirtiendo cualquier jornada improvisada en un pequeño plan colectivo.
El Renault 5 era parte de la aventura
Aquellos trayectos forman parte inseparable de su memoria. El coche iba lleno hasta arriba y cada salida tenía algo de improvisación. No había reservas, grandes hoteles ni una planificación detallada. Se buscaba una playa, se aparcaba como se podía y se pasaba allí buena parte del día.

Esa sencillez también hacía que las relaciones surgieran de manera más espontánea. Las familias compartían comida, conversación y espacio sin demasiadas formalidades. Para Fuentes, esa forma de vivir las vacaciones tenía un valor que ahora resulta difícil de reproducir en un contexto mucho más organizado y condicionado por las expectativas.
Veranos modestos que terminan siendo los más recordados
Con el paso de los años, el presentador ha podido viajar y conocer destinos muy diferentes, pero aquellos veranos siguen ocupando un lugar especial. No eran vacaciones espectaculares sobre el papel, pero sí estaban llenas de pequeñas escenas que terminaron construyendo recuerdos duraderos. La expresión “playa semicutre” resume precisamente esa falta de pretensiones. No hacía falta que el lugar fuera perfecto para disfrutarlo. Bastaban el mar, la familia, los amigos y algo de comida compartida.
Fuentes recuerda así una manera de veranear mucho más sencilla, en la que el viaje empezaba antes incluso de llegar al destino. Un Renault 5 cargado, una playa cualquiera y vecinos con patatas fritas y aceitunas podían ser suficientes para construir unas vacaciones inolvidables. A veces, los recuerdos más fuertes no nacen del lujo, sino de aquello que entonces parecía completamente normal.