Luka Modric, sobre su infancia como refugiado: “Vivíamos en una habitación de 20 metros cuadrados”

Luka Modric creció en una realidad muy distinta a la que acabaría viviendo como estrella del Real Madrid y capitán de Croacia. Cuando tenía apenas seis años, la guerra obligó a su familia a abandonar su casa y refugiarse en Zadar. Durante aquella etapa, varios miembros de la familia convivieron en condiciones muy precarias. El propio futbolista ha recordado que “vivíamos en una habitación de 20 metros cuadrados”, una imagen que resume los años más difíciles de su infancia.

La guerra marcó profundamente a Modric. Su familia tuvo que huir de su hogar y refugiarse durante años en hoteles utilizados para alojar a desplazados. El centrocampista recuerda todavía las sirenas, las explosiones y los misiles, además de la muerte de su abuelo Luka, de quien heredó el nombre. “Es lo que me ha marcado para toda la vida”, explicó en una entrevista con FIFA al recordar aquella época.

El fútbol era su manera de escapar de la guerra

Dentro de aquel entorno, el balón se convirtió en una vía de escape. Modric pasaba horas jugando en los aparcamientos y terrenos próximos a los hoteles donde vivía su familia. No había campos en buenas condiciones ni instalaciones especiales: algunas piedras servían como porterías y cualquier pequeño espacio era suficiente para organizar un partido. El propio jugador ha explicado que el fútbol le permitía desconectar de todo lo que estaba ocurriendo alrededor.

Modric
Modric

Aquella infancia también endureció su carácter. Modric era pequeño físicamente y tenía que enfrentarse continuamente a niños mayores y más fuertes, pero nunca dejó de competir. Los golpes, el asfalto y las dificultades de aquellos partidos improvisados terminaron formando una mentalidad que después trasladaría al fútbol profesional.

De refugiado a capitán de Croacia

Con el tiempo, aquella familia que había tenido que abandonar su casa pudo ver cómo Modric construía una de las carreras más importantes del fútbol europeo. Llegó al Real Madrid, ganó la Champions League, conquistó el Balón de Oro y condujo a Croacia hasta una final del Mundial. Pero nunca ha querido separar esos éxitos de todo lo vivido anteriormente.

Para Modric, la infancia sigue siendo una parte fundamental de su identidad. Haber tenido que huir, compartir espacios mínimos y crecer escuchando sirenas dejó una huella imposible de borrar. Antes de los grandes estadios y los títulos, hubo una familia refugiada intentando empezar de nuevo en Zadar. Y, en medio de todo aquello, un niño que encontraba en un balón la única forma de olvidarse durante unas horas de la guerra.