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Luis Suárez lleva años preparando una vida empresarial paralela al fútbol y lo ha hecho de una manera muy distinta a la imagen tradicional de un deportista que simplemente invierte su dinero. El exjugador del Barça participa directamente en sus negocios, supervisa decisiones y mantiene una estructura muy familiar alrededor de sus inversiones. Su forma de resumirlo es tan sencilla como llamativa: “La reunión de directorio es comiendo ravioles”, explicó en una entrevista con Forbes Uruguay.

Ese modelo tiene mucho que ver con las personas que lo rodean. Suárez ha explicado que tanto su cuñado como su concuñado participan en la gestión de sus activos y que prefiere mantener las decisiones importantes dentro de un círculo de confianza. Su esposa, Sofía Balbi, también tiene un papel relevante y es quien le recuerda que, aunque todavía continúa vinculado al fútbol, debe preparar el terreno para cuando termine definitivamente su etapa como jugador.

La comida acabó convirtiéndose en negocio

Uno de sus proyectos más importantes nació precisamente durante su etapa en Barcelona. Suárez y su familia pedían con frecuencia comida casera en Chalo, un pequeño negocio familiar de Castelldefels. De aquella relación surgió la idea de crear Chalito, una cadena especializada principalmente en milanesas que terminó creciendo mucho más de lo que habían imaginado inicialmente.

Luis Suárez

El proyecto cuenta actualmente con más de veinte locales y en 2025 superó los 24 millones de euros de facturación. Además, continúa expandiéndose en ciudades como Madrid y Barcelona y ha empezado a dar el salto a los aeropuertos. Suárez insiste en que nunca quiso utilizar únicamente su fama para atraer clientes. Su objetivo era que el producto funcionara por sí mismo y que la comida fuera realmente la protagonista.

Messi también se ha convertido en su socio

La faceta empresarial de Suárez no termina en la restauración. También creó junto a Lionel Messi el Deportivo LSM, un proyecto deportivo nacido de la amistad entre ambos y que aspira a crecer dentro del fútbol uruguayo. El nombre combina precisamente las iniciales de Luis y Lionel, además de los apellidos Suárez y Messi.

Pese al tamaño que han alcanzado sus negocios, Suárez asegura que intenta mantener una gestión horizontal. No considera que tener una carrera extraordinaria como futbolista le dé automáticamente la razón cuando habla de empresas y valora especialmente que quienes trabajan con él sean capaces de contradecirlo. Por eso su frase sobre los ravioles resume bastante bien su filosofía: detrás de cifras millonarias y proyectos internacionales, las decisiones siguen tomándose alrededor de una mesa familiar.