Luis Enrique suele mostrarse directo, competitivo y poco dispuesto a esconder lo que piensa. Sin embargo, un acto en Gijón descubrió su lado emocional. El entrenador del Paris Saint-Germain habló de Elena Cullel, su compañera desde hace casi tres décadas, y terminó llorando al repasar la vida que construyeron juntos.
El técnico participó en la presentación de la nueva playa verde de El Rinconín, un espacio que llevará su nombre. Según informó la revista Lecturas, el proyecto municipal conectará distintas parcelas próximas al mar con los parques de La Providencia e Isabel la Católica. El escenario despertó recuerdos muy personales.

El Luis Enrique más emocional
Luis Enrique explicó que comenzó su proyecto de vida con Elena hace casi 30 años. El entrenador destacó que su esposa permaneció a su lado y le prestó apoyo en todos los momentos. “Hemos formado una familia maravillosa con tres hijos”, afirmó antes de nombrar a Pacho, Sira y Xana.
La emoción no le impidió introducir su humor habitual. Luis Enrique bromeó con Elena sobre el futuro que todavía les queda por compartir. “No sé si le hará mucha ilusión decirle que le quedan otros 30 años, mínimo, conmigo”, comentó. Después reconoció que esa perspectiva podía resultar complicada para ella.
El entrenador trató entonces de recuperar la compostura. “Vale ya de llorar. No soy de llorar, no me gusta llorar”, dijo. Inmediatamente añadió una reflexión que resumió aquel momento: “Llorar también es bonito”. Su discurso dejó de ser un agradecimiento institucional para convertirse en una declaración hacia su familia.
Luis enrique aprovecha para rendir homenaje a su mujer
El técnico asturiano recordó también los principios que él y Elena intentaron transmitir a sus hijos. El técnico habló de valores básicos y sencillos, aprendidos de sus padres. Para el asturiano, esos consejos continúan siendo una guía. El éxito profesional no ha reemplazado las enseñanzas recibidas durante su infancia en Gijón.

Sus padres ocuparon otra parte importante del discurso. Ambos dejaron su pueblo y se trasladaron a Gijón para construir una vida. Luis Enrique los definió como “mi faro” y recordó que entregaron todo por su familia. Su padre le repetía una frase sencilla: “De vagos nunca se escribió nada”.
El entrenador explicó que El Rinconín representa mucho más que una playa. Allí fue feliz y vio felices a los suyos. Aseguró que sus cenizas acabarán allí. La placa con su nombre le hace pensar en sus padres, en sus sacrificios y en el carácter que imprime crecer en Gijón.
Luis Enrique cerró su intervención agradeciendo el cariño recibido en su ciudad natal. También pidió a los vecinos que cuidasen el espacio. El homenaje llevaba su nombre, pero sus palabras estuvieron dedicadas a quienes sostuvieron su vida.