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Antes de ganar Mundiales, Balones de Oro y convertirse en leyenda, Leo Messi era por entonces un niño tímido de Rosario. Jugaba en las categorías inferiores de Newell's Old Boys y soñaba con vestir la camiseta argentina. En una de sus primeras entrevistas, concretamente para el periódico argentino ‘Diario La Capital’, dejó respuestas sencillas, pero profundamente reveladoras. El astro habló del momento más triste de su infancia.

Cuando en esa entrevista realizada a principios de los 2000 le preguntaron por aquel recuerdo doloroso, Messi respondió: “El fallecimiento de mi abuela”. Celia murió cuando él tenía diez años. No era solamente una figura familiar. Había sido quien siempre lo acompañaba a entrenamientos y partidos cuando empezaba a jugar en Grandoli. También fue una de las primeras personas capaces de reconocer su talento.

Leo Messi con 9 años en Newells

Su abuela fue la primera que creyó en él

La historia más conocida ocurrió cuando un entrenador dudó si alinearlo porque era mucho más pequeño que los demás. Celia insistió. Le pidió que lo pusiera porque salvaría el partido. Messi finalmente entró al campo y marcó dos goles. Aquel respaldo resultó decisivo. Su abuela no veía simplemente a un niño jugando. Veía unas condiciones especiales antes que casi todos.

Ese vínculo ayuda a entender uno de los gestos más famosos de su carrera. Después de marcar, Messi también suele levantar ambos brazos y señalar al cielo. Es su homenaje a Celia. El ritual se ha repetido en Barcelona, París, Miami y con Argentina. También durante las noches más importantes de una trayectoria que su abuela nunca pudo contemplar directamente.

En aquella entrevista, Messi todavía no imaginaba el alcance de su futuro. Sus grandes ídolos no eran estrellas internacionales. Eligió a su padre, Jorge, y a su padrino, Claudio. Cuando le preguntaron por los mejores futbolistas de su entorno, nombró a su hermano y a su primo. La familia ya ocupaba el centro de su vida.

Leo Messi gol Inter Miami

Recuerdo a su abuela en cada gol

Su equipo favorito entonces era Newell's, el club donde se estaba formando. Recordaba con especial alegría un campeonato conquistado con la décima división. Su ilusión era debutar algún día con el primer equipo rojinegro. También quería jugar para Argentina y entrar en sus categorías juveniles. Aquellos deseos acabarían quedándose pequeños frente a todo lo conseguido posteriormente.

Messi también pretendía terminar la educación secundaria e incluso llegó a plantearse ser profesor de educación física. Eligió la Biblia como libro favorito y definió la humildad como algo que nunca debía perderse. Sus respuestas mostraban a un adolescente normal, unido a su origen y todavía ajeno a la fama. Con el tiempo conquistó prácticamente todo. Sin embargo, el recuerdo de su abuela permaneció intacto. La pérdida que más lo marcó cuando apenas tenía diez años continúa presente cada vez que mira al cielo para celebrar un gol. Y suma más de 900.