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Los desatascadores químicos parecen una solución rápida cuando el fregadero o el lavabo empiezan a tragar lentamente, pero también pueden convertirse en un problema serio si se utilizan sin conocer el estado de la instalación. El fontanero Kelly Ireland advierte especialmente de su uso en viviendas antiguas. “Cuidado, devoran las tuberías viejas”, explica al referirse a productos muy agresivos que pueden deteriorar materiales ya debilitados.

Estos productos suelen funcionar mediante compuestos capaces de disolver restos orgánicos, grasa, jabón o cabellos. El problema aparece cuando esa reacción química no afecta únicamente al atasco. Si la tubería presenta corrosión, juntas envejecidas o materiales delicados, el producto puede acelerar el deterioro y provocar una fuga donde antes solo había un desagüe lento.

El atasco puede ser menos grave que la avería

La advertencia es especialmente importante en instalaciones antiguas. Una tubería metálica con décadas de uso puede tener ya paredes muy finas por la corrosión, mientras que determinadas juntas pueden haber perdido parte de su resistencia. Añadir repetidamente un producto muy corrosivo puede agravar esos puntos débiles hasta convertir una obstrucción relativamente sencilla en una reparación mucho más costosa.

Un fontanero arreglando una avería en un domicilio

También existe otro riesgo: si el producto no consigue eliminar completamente el atasco, puede quedarse retenido dentro de la tubería. Eso complica después cualquier intervención manual, porque el fontanero puede encontrarse con agua mezclada con sustancias cáusticas al desmontar el sifón o introducir herramientas. Por eso conviene avisar siempre si se ha utilizado previamente algún desatascador químico.

Primero conviene probar métodos menos agresivos

Para atascos leves, una de las primeras opciones es revisar y limpiar el sifón, donde suelen acumularse muchos residuos. También pueden utilizarse herramientas mecánicas específicas, como una ventosa o una guía desatascadora, siempre adaptándolas al tipo de instalación. En cocinas, retirar regularmente grasa y restos de comida antes de que entren en el desagüe reduce mucho la aparición de problemas.

Los productos químicos no tienen por qué estar completamente prohibidos, pero deben utilizarse siguiendo estrictamente las instrucciones del fabricante y nunca mezclando sustancias diferentes, especialmente lejía con otros limpiadores. Si el atasco reaparece constantemente o la vivienda tiene tuberías antiguas, lo más prudente es averiguar primero qué está provocándolo. La advertencia de Ireland resume bien el riesgo: solucionar un desagüe durante unos minutos no compensa si el precio acaba siendo dañar una instalación que ya estaba al límite.