Judit Mascó describió su manera de desconectar en la Costa Brava con una imagen muy concreta: un barco detenido frente a las rocas del Cap de Creus. “Es impresionante, y allí sí que no te encuentras a nadie”, explicó en una entrevista con Vanitatis. Hablaba de buscar una cala apartada, contemplar el paisaje desde el agua y encontrar ese rato de tranquilidad que también necesitaba durante las vacaciones.
Su elección permite entender qué encontraba atractivo en aquel rincón del Alt Empordà. La distancia respecto a la orilla cambia la perspectiva: las rocas ocupan el primer plano y el mar separa al visitante de los caminos y las calles. En su relato, el refugio era precisamente esa experiencia de quedarse frente al paisaje, con tiempo para observarlo y sin necesidad de encadenar actividades durante todo el día.
Un paisaje de rocas, viento y mar
El Cap de Creus tiene una personalidad reconocible dentro del litoral catalán. Los acantilados, las pequeñas calas y los afloramientos rocosos forman una costa irregular, marcada por la acción del mar y la tramuntana. Destaca su singularidad geológica y las formas que la erosión ha dibujado sobre las rocas. Es un entorno donde el relieve conserva tanto protagonismo como el agua que lo rodea.

En este sentido, contemplarlo desde una embarcación ofrece una lectura distinta de la costa. Los entrantes dejan de parecer pequeñas interrupciones del camino y se convierten en espacios abiertos hacia el mar. La combinación de piedra, vegetación y agua explica el atractivo de esa imagen que describía Mascó. El plan tiene poco de complicado: permanecer en un lugar el tiempo suficiente para disfrutarlo, sin convertir cada parada en el paso previo a otra.
Calella de Palafrugell, el vínculo familiar
Su relación con la Costa Brava también tiene una vertiente familiar. En aquella conversación, Mascó explicó que sus padres pasaban temporadas en Calella de Palafrugell y que procuraba visitarlos los fines de semana. Entre sus preferencias aparecían el Canadell y los paseos junto al mar. Ese vínculo reunía las visitas familiares, las playas conocidas y las escapadas hacia rincones más apartados.
Así pues, el Cap de Creus representaba la parte más pausada de sus vacaciones. Aunque organizaba días con actividades y amigos para sus hijas, también intentaba reservar alguno para descansar sin hacer nada. Esa pausa ayuda a entender su elección: unas horas frente al mar podían ser un plan completo.