La imagen de modernidad y desarrollo que proyecta Corea del Sur contrasta con una realidad menos visible como lo es el complicado acceso a la vivienda, especialmente en grandes ciudades como Seúl, se ha convertido en un problema creciente, con una solución que no suele acompañar la caldiad de vida. Así lo relatan muchos jóvenes que viven allí, algunos en espacios extremadamente reducidos.

El testimonio que circula en redes no es una exageración aislada. Hace referencia a un tipo de alojamiento real conocido como goshiwon, habitaciones mínimas pensadas originalmente para estudiantes, pero que hoy ocupan también trabajadores con pocos recursos.

Viviendas mínimas en pleno auge urbano

Los goshiwon pueden tener apenas entre 5 y 10 metros cuadrados. En algunos casos, el espacio incluye cama, escritorio y poco más. El baño y la cocina suelen ser compartidos, aunque existen versiones algo más equipadas.

@bellabrocks27

EL FINAL LO MEJOR 😂 Contras de vivir en Corea del Sur 🇰🇷🍜cosas que no me gustan de vivir aquí! Obviamente hay más 🤣 #corea #seoul #seoultravel

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Este tipo de vivienda se ha expandido en zonas urbanas donde el precio del alquiler se ha disparado. Para muchos jóvenes, es la única opción asequible para vivir cerca de su trabajo o centro de estudios. El problema no es solo el tamaño, sino lo que refleja: un mercado inmobiliario tensionado donde los salarios no siempre acompañan al coste de vida.

Un modelo con ventajas, pero que tiene grandes limitaciones

A pesar de sus condiciones, los goshiwon tienen cierta demanda. Son baratos, no requieren grandes depósitos y permiten independencia inmediata, algo clave en un país donde el sistema tradicional de alquiler exige grandes cantidades iniciales. Sin embargo, las limitaciones son importantes. Falta de espacio, poca privacidad y condiciones de habitabilidad cuestionables forman parte del día a día de quienes viven en ellos.

Además, este fenómeno se enmarca en un contexto más amplio de presión económica sobre los jóvenes, con largas jornadas laborales y dificultades para acceder a vivienda convencional. Así pues, Corea del Sur muestra dos caras. Por un lado, innovación y desarrollo; por otro, una realidad inmobiliaria compleja que obliga a muchos a adaptarse a espacios mínimos para poder vivir en la ciudad.