Cerrar ventanas, persianas y puertas durante todo el día parece la estrategia lógica para impedir que entre el calor en casa, pero no siempre funciona. Jorge, técnico de climatización, advierte de que una vivienda completamente sellada puede acumular el calor generado por electrodomésticos, personas y superficies interiores. Sin renovación de aire, la temperatura sigue subiendo aunque el sol no entre directamente.
La clave está en distinguir entre bloquear la radiación solar y encerrar el aire caliente. Bajar persianas en las fachadas expuestas ayuda, especialmente durante las horas centrales, pero mantener todas las estancias cerradas puede impedir que el calor salga. Cocinar, usar ordenadores o secar ropa dentro también eleva la temperatura y la humedad.
No todas las habitaciones deben permanecer cerradas
Jorge recomienda proteger del sol las habitaciones más expuestas y mantener abiertas las puertas interiores cuando sea posible. Así el aire puede desplazarse hacia las zonas más frescas de la casa y se evitan bolsas de calor. Si una habitación recibe sol directo, sí conviene aislarla temporalmente, pero no convertir toda la vivienda en un espacio hermético.

También es importante ventilar en los momentos adecuados. A primera hora de la mañana y durante la noche, cuando la temperatura exterior baja, abrir ventanas opuestas crea ventilación cruzada y permite expulsar el aire acumulado. Un ventilador colocado cerca de una ventana puede ayudar a sacar el calor, en lugar de limitarse a moverlo dentro.
Las persianas deben usarse con estrategia
Bajar las persianas completamente durante muchas horas puede dejar la casa a oscuras y reducir la ventilación sin mejorar el confort. Lo más eficaz es bloquear el sol directo, dejando una pequeña separación si la ventana está protegida y existe circulación de aire. Toldos, cortinas térmicas y persianas exteriores suelen funcionar mejor que cerrar todo sin criterio.
La realidad es que una casa fresca no depende solo de impedir que entre calor, sino de facilitar que salga. Cerrar las zonas soleadas, ventilar cuando refresca y permitir que el aire circule suele ser más eficaz que sellar toda la vivienda durante horas. Si el interior continúa calentándose, conviene reducir fuentes de calor y revisar el aislamiento. Además, utilizar campanas extractoras, apagar luces innecesarias y evitar el horno en las horas centrales puede reducir varios grados la carga térmica que queda atrapada dentro de casa durante el verano.