Jorge Lorenzo no solo ha convertido los coches de lujo en una de sus grandes pasiones, sino también en una de sus inversiones más rentables. El expiloto de MotoGP ha explicado en varias ocasiones que algunos de los vehículos más exclusivos que ha comprado se han revalorizado con enorme rapidez. El caso más llamativo es el de su Pagani Huayra Roadster, por el que pagó 2,4 millones de euros.
La operación terminó superando cualquier expectativa. Lorenzo explicó que “a los dos años de tenerlo, ya me ofrecían el doble”, lo que situaría el valor potencial del coche cerca de los cinco millones. Para él, este tipo de vehículos no funcionan como un automóvil convencional, que normalmente pierde valor desde el momento en que sale del concesionario, sino como piezas extremadamente escasas capaces de apreciarse con el paso del tiempo.
Solo existen 100 unidades en todo el mundo
La clave está precisamente en la exclusividad. Del Pagani Huayra Roadster se fabricaron únicamente 100 unidades, circunstancia que limita enormemente la oferta. Lorenzo tuvo que esperar más de dos años desde que realizó el pedido hasta que pudo recibir finalmente el vehículo y llegó a definirlo como una “obra de arte sobre ruedas”.
El expiloto considera que los superdeportivos realmente exclusivos pueden comportarse como activos de colección. No basta con comprar un coche caro: busca modelos con producción limitada, demanda internacional y características suficientemente especiales para mantener o incrementar su cotización. Esa filosofía explica buena parte de una colección en la que también han aparecido modelos de firmas como Ferrari, Porsche o Lamborghini.
Lorenzo prefiere disfrutar mientras su inversión crece
Su relación con los coches contrasta además con su opinión sobre otras inversiones. Lorenzo ha reconocido que el inmobiliario le parece seguro, pero también más lento y acompañado de problemas como reformas, mantenimiento o gestión de inquilinos. En cambio, algunos de sus automóviles han conseguido revalorizaciones extraordinarias en pocos años.
Eso no significa que cualquier coche de lujo sea automáticamente una buena inversión. La mayoría de vehículos se deprecian y los modelos de colección también implican seguros, mantenimiento y un mercado muy específico. Lorenzo juega precisamente en la parte más exclusiva de ese mercado.
En su caso, sin embargo, la combinación ha funcionado. Puede disfrutar de coches que siempre había querido conducir y, al mismo tiempo, observar cómo algunas unidades aumentan de valor. El Pagani de 2,4 millones de euros resume perfectamente esa filosofía: una compra extraordinariamente cara que, según él mismo relata, terminó valiendo el doble apenas dos años después.
