Jordi y Montse convirtieron su coche en vivienda después de perder el piso donde estaban de alquiler en Sabadell. Cuando laSexta, estos dos jubilados llevaban siete meses durmiendo en el vehículo. El propietario había rescindido el contrato para utilizar la vivienda y ellos no habían encontrado otro alquiler que pudieran pagar. Desde entonces, buscaban una alternativa que encajara en su presupuesto.
En este sentido, Montse explicó que podían asumir una mensualidad inferior a 800 euros sumando los ingresos de ambos. Sin embargo, Jordi señaló que encontraban pisos por encima de los 1.000 euros. Su dificultad estaba en esa distancia entre lo que podían destinar a una vivienda y las cantidades que les pedían. Tener ingresos no les había permitido encontrar una casa a la que trasladarse.
Un coche para dormir y guardar sus pertenencias
Los asientos traseros servían como armario y el maletero como espacio para colocar la ropa limpia antes de doblarla. Acudían a una lavandería para lavar sus prendas y utilizaban las duchas de una piscina cercana. El Ayuntamiento aseguró al programa que seguía el caso y buscaba un alojamiento intermedio, como una pensión o un hotel de urgencia, mientras llegaba una solución más estable.

De esta manera, las tareas que habitualmente se resuelven dentro de una casa quedaban repartidas entre distintos establecimientos. Ducharse, lavar la ropa o guardar las pertenencias exigía organizar desplazamientos y adaptar los hábitos a espacios ajenos. El vehículo permitía conservar algunas cosas y pasar la noche bajo techo, pero difícilmente podía sustituir las condiciones de descanso, intimidad y comodidad que proporciona una vivienda.
El presupuesto marca el límite de la búsqueda
El caso muestra una dificultad concreta: poder pagar un alquiler no garantiza encontrar uno por esa cantidad. Entre el presupuesto disponible y el precio solicitado puede abrirse una diferencia suficiente para dejar fuera a una pareja. Para quienes ya están jubilados, esa búsqueda también necesita tener en cuenta que la mensualidad debe ser sostenible y permitir afrontar alimentación, suministros y otros gastos cotidianos.
Así pues, el testimonio de Jordi y Montse pone el foco en lo que sucede cuando termina un contrato y no aparece una alternativa asumible. Un alojamiento de urgencia puede evitar que una persona siga durmiendo en un coche, aunque después queda pendiente recuperar la estabilidad. Esa era la necesidad que reflejaba el reportaje: encontrar un lugar donde las tareas más básicas volvieran a formar parte de la vida en casa.