El chef Jordi Cruz ha hablado como pocas veces sobre su infancia y la relación compleja que mantuvo con su padre. En una conversación sincera, reconoció que crecer en su casa no fue sencillo y que la frialdad emocional marcó profundamente sus primeros años. “Mi padre tenía tendencia a estar enfadado”, confesó sin rodeos, dejando claro lo dudo de su infancia.
En su charla con Jesús Calleja, explicó que durante su niñez echó en falta una implicación más cercana por parte de un padre que solía estar alejado emocionalmente de su hijo. “Él no ayudaba para que me sintiese mejor”, recordó. No lo dijo desde el reproche, sino desde la comprensión adulta que llega con el tiempo y con la paternidad.
Una herencia con una carga dolor
Cruz contextualiza el carácter de su padre dentro de una biografía dura. Con apenas doce años ya trabajaba en una fábrica y cargó desde muy joven con responsabilidades familiares. Esa presión, sumada a experiencias traumáticas como la pérdida de hermanos durante la Guerra Civil, dejó una huella emocional difícil de borrar. En el programa Planeta Calleja, el cocinero relató que aquella acumulación de dolor se transformó en un carácter áspero. “Tenía un carácter malo, pero siempre entendí sus cosas malas”, explicó. Nunca fue una persona especialmente cariñosa, pero Jordi aprendió a mirar más allá de la superficie para entender a su padre.

Esa comprensión no elimina el impacto que tuvo en su infancia. Crecer con una figura paterna distante condicionó su forma de relacionarse y de buscar reconocimiento en las demás personas. Sin embargo, con el paso de los años decidió afrontar esa herida desde la empatía y no desde el rencor o el dolor.
Decir lo que nunca se dijo
Uno de los momentos más reveladores fue cuando admitió que no quería que su padre muriera sin saber lo que sentía. Esa necesidad de cerrar heridas habla de un proceso de madurez emocional profundo. Jordi Cruz no idealiza su pasado, pero tampoco lo convierte en un relato de victimismo. Lo presenta como una realidad compleja, marcada por el contexto histórico y por las frustraciones de una generación que no supo gestionar el dolor.
Hoy, convertido en uno de los chefs más reconocidos del país, mira atrás con serenidad. Reconoce que aquella infancia difícil moldeó su carácter y su exigencia. Y aunque su padre tuviera “tendencia a estar enfadado”, él eligió transformar esa experiencia en comprensión y crecimiento personal.