Jordi Basté ha recordado en varias ocasiones la figura de su madre, Roser, pero una reflexión publicada por él mismo en La Vanguardia permite entender especialmente bien la generación a la que perteneció. Era una mujer que había estudiado, tenía una carrera y llegó a compaginar su formación con un trabajo en Can Jorba, los grandes almacenes que posteriormente serían Galerías Preciados. Su vida profesional, sin embargo, terminó siguiendo un camino muy distinto.
Basté lo explicó recurriendo a una imagen especialmente potente: su madre acabó cambiando "los libros por los fogones". No porque hubiera dejado de tener inquietudes, sino porque durante décadas muchas mujeres terminaron abandonando su trayectoria laboral para quedarse en casa, cuidar de los hijos y asumir unas tareas que oficialmente quedaban resumidas con dos palabras en el DNI: "sus labores".
Una carrera que desapareció detrás de "sus labores"
La expresión siempre llamó la atención de Basté. Cuando era pequeño, veía aquel antiguo documento de identidad azul y encontraba que la profesión atribuida a su madre no tenía demasiado que ver con todo lo que ella había hecho anteriormente. Había estudiado y trabajado fuera de casa, pero esa parte de su recorrido desaparecía cuando llegaba el momento de definir oficialmente a qué se dedicaba.

Su historia no era excepcional. Precisamente ahí reside buena parte de la reflexión del periodista. Durante años, muchas mujeres con estudios y posibilidades profesionales terminaron dejando sus empleos porque el reparto familiar estaba construido de otra manera. Cocinar, planchar, criar y mantener una casa ocupaban jornadas enteras, aunque rara vez fueran consideradas una carrera.
La cocina también marcó la infancia de Basté
Curiosamente, los fogones acabarían teniendo un peso importante en los propios recuerdos del periodista. Basté ha explicado que su madre cocinaba habitualmente y que él creció en una casa donde la cocina, la radio y los libros estaban muy presentes. También heredó de ella el gusto por la lectura, especialmente por Agatha Christie.
Por eso la historia de Roser va bastante más allá de una frase sobre cocinar. Habla de una generación en la que muchas mujeres tuvieron formación y ambiciones propias, pero acabaron dedicando buena parte de su vida a sostener una familia. Basté lo vio primero como algo normal porque era el modelo que tenía delante. Con los años entendió todo lo que quedaba escondido detrás de aquellas dos palabras aparentemente inocentes: "sus labores".