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Jordi Basté lleva casi dos décadas despertándose de madrugada para ponerse al frente de El món a RAC1, una rutina que le ha dado enormes satisfacciones profesionales, pero también renuncias importantes en el terreno personal. Una de ellas ha sido no poder acompañar a sus hijas al colegio por las mañanas, algo que durante años le generó un fuerte sentimiento de culpa y que todavía hoy recuerda con emoción.

El periodista lo explicó en una conversación especialmente íntima en Gran Tonino, el programa de La 2Cat, donde repasó diferentes momentos de su vida a través de canciones. Al hablar de la paternidad, reconoció sin rodeos: “Me he sentido culpable durante muchos años”. Su horario laboral hacía imposible una de esas rutinas familiares que para muchas personas parecen pequeñas, pero que para él terminaron teniendo un enorme peso emocional.

Una conversación con sus hijas que no ha olvidado

Basté recordó también un viaje en coche desde Puigcerdà en el que decidió sincerarse con sus hijas, Geòrgia y Gabriela. Llegó a decirles que sentía que no había sido un buen padre porque su trabajo le había impedido estar presente en algunos momentos cotidianos. La respuesta de su hija mayor, sin embargo, le hizo ver la situación de otra manera: le recordó que, aunque no pudiera llevarlas al colegio, sí iba a buscarlas después.

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Ese recuerdo sigue emocionándolo porque resume uno de los grandes conflictos de su vida profesional. Presentar un programa matinal implica levantarse cuando la mayor parte de la ciudad todavía duerme, preparar varias horas de radio y mantener una disponibilidad constante. Incluso los fines de semana, ha explicado, el teléfono continuaba sonando. Todo ello le hizo preguntarse en más de una ocasión si el sacrificio había valido realmente la pena.

“Si pudiera volver atrás, lo cambiaría”

La respuesta de Basté es compleja. Está orgulloso de sus hijas y asegura que el esfuerzo ha valido la pena, pero también admite que hay decisiones que tomaría de otra manera. “Seguramente, si pudiera volver atrás, esto lo cambiaría”, reconoció al hablar precisamente de ese tiempo familiar perdido durante tantos años.

No es la primera vez que verbaliza ese coste. Ya había explicado anteriormente que la radio le había quitado vida familiar y tiempo con los amigos, citando precisamente como ejemplo el hecho de no haber podido llevar a sus hijas al colegio. La confesión deja una imagen poco habitual de uno de los comunicadores más reconocidos de Catalunya: la de un padre que, después de años de éxito profesional, todavía se pregunta cuánto tuvo que dejar por el camino.