Jordi Basté ha pasado muchas mañanas delante de un micrófono mientras sus hijas empezaban el día sin él. Presentar El món a RAC1 le impedía acompañarlas al colegio, una ausencia que durante años le hizo cuestionarse su papel como padre. Lo explicó en Gran Tonino, el programa de La 2Cat presentado por Nina y Laura Andrés: “Me he sentido culpable durante muchos años”, reconoció al recordar cómo había compaginado la radio con la vida familiar.
En este sentido, el periodista recordó una conversación en el coche en la que compartió esa preocupación con sus hijas. La respuesta de la mayor le permitió contemplar sus recuerdos de otra manera: le explicó que no pasaba nada por no haberlas llevado al colegio, porque sí iba a recogerlas. Ella conservaba también la memoria de los momentos en los que su padre había estado presente.
Las mañanas que la radio le quitó en casa
Basté ya había hablado de esa renuncia en Ànimes, el espacio de 8TV en el que conversó con Maria de la Pau Janer en 2022. Entonces explicó que había pedido perdón a sus hijas cuando se hicieron mayores. Ver que otros padres podían acompañar a sus hijos a la escuela le recordaba una experiencia que él no había podido compartir, pese a formar parte de una rutina familiar aparentemente sencilla.
De esta manera, el coste de su horario tenía una dimensión que iba más allá del cansancio. Cada mañana de trabajo coincidía con un momento de la vida de sus hijas que sucedía en otro lugar. Al recordar aquellos años, lo que le pesaba era la repetición de esa ausencia: las oportunidades de acompañarlas que habían ido pasando mientras él cumplía con sus responsabilidades profesionales.
Sus hijas recordaban lo que sí compartieron
La conversación familiar introdujo otra mirada sobre esa historia. Para Basté, no llevarlas a clase había adquirido un peso enorme; su hija, en cambio, recordó las recogidas. Ese detalle explica la emoción con la que relató el episodio. Aun así, admitió que, si pudiera volver atrás, cambiaría algunas cosas. El alivio de escucharla convivía con la duda sobre cómo habría podido organizar de otra manera aquellos años.
Así pues, su confesión habla de una dificultad reconocible para muchas familias: conciliar los horarios que impone el trabajo con el deseo de acompañar a los hijos mientras crecen. En su caso, una conversación permitió poner sobre la mesa un sentimiento que llevaba tiempo arrastrando. Sus hijas pudieron responderle desde sus propios recuerdos y mostrarle una parte de su paternidad que él estaba dejando en segundo plano.
