Francisco Javier tiene una enfermedad pulmonar crónica y lleva más de un año durmiendo al raso. Su situación, lejos de mejorar, se ha ido agravando con el paso de los meses. “Con 650 euros no puedo ni vivir en la calle”, resume con crudeza una realidad que evidencia los límites del sistema de ayudas sociales. Esa es la única prestación que recibe mensualmente, una cantidad que no le permite acceder a una vivienda y que apenas le alcanza para cubrir lo más básico mientras sobrevive en condiciones extremas.
La enfermedad que padece exige cuidados constantes y, sobre todo, resguardarse del frío y de la humedad. Sin embargo, Francisco Javier duerme a la intemperie, expuesto a las inclemencias del tiempo y a un deterioro progresivo de su salud. Cada noche en la calle agrava su situación clínica, y cada día se convierte en una lucha por mantener una mínima estabilidad física y emocional en un entorno que no ofrece ninguna garantía.
Una ayuda insuficiente para sobrevivir
Los 650 euros mensuales que percibe no alcanzan ni para alquilar una habitación, pero tampoco para cubrir dignamente las necesidades básicas de alguien que vive en la calle. Alimentación, medicación, higiene y transporte consumen casi la totalidad de la ayuda. No es que no pueda vivir en un piso, es que apenas puede comer de forma digna. La ayuda, concebida como un salvavidas, se queda corta incluso para la supervivencia más elemental.
La situación se vuelve especialmente crítica durante los meses de frío. Para una persona con una enfermedad pulmonar, dormir al raso supone un riesgo constante. La falta de un lugar cerrado donde protegerse convierte cada episodio de bajas temperaturas o lluvia en una amenaza directa para su salud. Aun así, Francisco Javier no dispone de una alternativa ni de un recurso habitacional adaptado a su situación médica.
Un año en la calle sin solución a la vista
Tras más de doce meses durmiendo en la calle, la perspectiva no es optimista. Ahora mismo la sensación de abandono institucional es total. Su caso no es aislado, pero sí especialmente grave por la combinación de sinhogarismo y enfermedad crónica. Cada día que pasa sin una solución estructural agrava un problema que va más allá de lo económico.
Así pues, la historia de Francisco Javier refleja una realidad incómoda, ya que con las ayudas actuales, hay personas que no pueden ni siquiera sobrevivir dignamente en la calle. Un año durmiendo al raso, con una enfermedad grave y una prestación insuficiente, evidencia un sistema que no llega a quienes más lo necesitan y deja su vida suspendida en una espera que se vuelve cada vez más peligrosa.
