Las bombillas del comedor, el pasillo o la cocina pueden seguir encareciendo la factura si todavía son modelos antiguos. Cambiarlas permite reducir el consumo sin tener que modificar las rutinas de toda la familia. Francesc Mauri lo resumió con una recomendación: “La iluminación, siempre LED”. Lo dijo en una entrevista con en Diari La Veu, cuando presentó su libro Stop al canvi climàtic.
El meteorólogo situaba este cambio entre las decisiones domésticas que permiten utilizar menos energía. Su propuesta tiene una aplicación concreta: revisar qué bombillas siguen instaladas en casa y empezar por las que acumulan más horas encendidas. Una lámpara del salón utilizada cada tarde ofrece más oportunidades de ahorro que otra situada en un trastero al que apenas entramos. El resultado depende tanto de la tecnología sustituida como del uso diario.
La misma luz con menos consumo
En este sentido, conviene distinguir entre la electricidad que necesita una bombilla y la luz que proporciona. Los vatios indican su potencia eléctrica; los lúmenes, la cantidad de luz emitida. Para mantener una iluminación parecida, hay que comparar los lúmenes. Por ejemplo, una bombilla incandescente de 60 vatios puede sustituirse por una LED de unos 9 vatios que también proporcione alrededor de 800 lúmenes.

De esta manera, una sustitución puede notarse al sumar las horas de todo el año. Si ambas bombillas funcionan cuatro horas diarias, pasar de 60 a 9 vatios reduce el consumo anual aproximadamente de 87,6 a 13,1 kilovatios hora. Con un precio hipotético de 0,20 euros por kilovatio hora, serían unos 15 euros menos al año por bombilla. Es un cálculo ilustrativo: cada vivienda tendrá sus propios horarios y tarifa.
Empezar por las luces que más utilizamos
Antes de comprar, merece la pena comprobar el casquillo, el tamaño y la luminosidad que necesita cada estancia. Se recomienda elegir primero los lúmenes necesarios y después buscar la opción que los proporcione con menos vatios. Comprar una bombilla excesivamente potente también puede generar un gasto innecesario. La sustitución debe permitir ver cómodamente al cocinar, leer o trabajar, ajustando la luz a cada espacio.
Así pues, el consejo de Mauri empieza por revisar lo que ya tenemos. Si quedan bombillas incandescentes o halógenas, las más utilizadas son un buen punto de partida. Si toda la casa funciona con LED, el margen estará en evitar encendidos innecesarios y aprovechar mejor la luz natural.