Los fiscalistas explican por qué a algunos jubilados les está saliendo más caro dar su casa a sus hijos

Muchos jubilados creen que donar la casa en vida a sus hijos es la forma más sencilla de evitar problemas futuros. Sin embargo, los fiscalistas llevan tiempo avisando de que esta decisión puede salir mucho más cara de lo esperado si no se estudia antes. La clave está en que donar una vivienda no es un simple cambio de nombre, ya que puede activar varios impuestos y generar un coste elevado para la familia.

Y es que, cuando se dona una casa, el hijo que la recibe debe tributar por el impuesto de sucesiones y donaciones, cuya carga depende de cada comunidad autónoma. Además, también puede aparecer la plusvalía municipal si hay incremento del valor del terreno. Hacienda recuerda, además, que las adquisiciones gratuitas están sujetas a donaciones para quien recibe el bien y al IRPF para quien transmite, salvo que exista una exención aplicable.

El error está en pensar que donar siempre es más barato

La realidad es que donar puede ser una mala decisión cuando se hace sin comparar alternativas. Si el inmueble no es la vivienda habitual del jubilado, o si no se cumplen los requisitos de exención, la operación puede generar una ganancia patrimonial en el IRPF del donante. De este modo, una casa comprada hace décadas por poco dinero y valorada ahora muy por encima puede provocar una factura fiscal importante. A eso hay que sumar lo que pague el hijo por donaciones y, en su caso, la plusvalía municipal.

Imagen de un jubilado en un parque | Europa Press
Imagen de un jubilado en un parque | Europa Press

Eso sí, hay un matiz fundamental, ya que si el propietario tiene más de 65 años y transmite su vivienda habitual, Hacienda contempla la exención de la ganancia patrimonial en el IRPF. Esta exención puede aplicarse a la transmisión de la vivienda habitual por mayores de 65 años, siempre que se cumplan los requisitos.

Vender o heredar puede ser mejor según el caso

Por eso los fiscalistas insisten en que no hay una única respuesta. En algunos casos puede convenir vender la vivienda habitual, especialmente si el jubilado tiene más de 65 años y quiere mudarse a una casa más pequeña. En otros casos, dejar la vivienda en herencia puede resultar más eficiente que donarla en vida, dependiendo de la comunidad autónoma, del valor del inmueble y de la situación de los hijos.

También existen fórmulas intermedias, como reservarse el usufructo o donar solo la nuda propiedad, aunque tampoco deben hacerse sin asesoramiento. Así pues, dar la casa a los hijos puede parecer un gesto familiar sencillo, pero fiscalmente puede convertirse en una operación cara. Antes de firmar una donación, conviene comparar impuestos, revisar si hay exención y calcular qué opción protege mejor al jubilado y a su familia.