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Fernando Alonso comparte con muchos pilotos de Fórmula 1 una auténtica pasión por los relojes, aunque su colección tiene una peculiaridad: puede pasar de un sencillo Apple Watch negro a piezas de alta relojería que superan holgadamente el millón de euros. Entre las más espectaculares aparece el Richard Mille RM 47 Tourbillon, vinculado directamente al asturiano y valorado actualmente alrededor de 1,3 millones de euros.

El contraste explica bastante bien su relación con los relojes. Alonso no utiliza únicamente piezas destinadas a llamar la atención. También se le ha visto con un Apple Watch negro con correa de tejido para el día a día, especialmente práctico para controlar actividad y entrenamiento. Cuando quiere algo especial, sin embargo, su colección entra directamente en el terreno de la alta relojería.

Un Richard Mille inspirado en los samuráis

La pieza más espectacular es probablemente el RM 47 Tourbillon. El modelo nació de una conversación entre Fernando Alonso y Richard Mille y está inspirado en la cultura japonesa y en el código de honor de los samuráis, una temática por la que el piloto ha mostrado interés desde hace años. Solo se produjeron 75 unidades.

Fernando Alonso Aston Martin Bahrain

En el interior aparece una diminuta armadura de samurái realizada en oro, grabada y pintada a mano alrededor del movimiento. Ese trabajo artesanal, unido a la producción extremadamente limitada, explica que su valoración pueda rondar los 1,3 millones. Alonso también ha utilizado el RM 67-02, un modelo ultraligero de apenas 32 gramos y del que existe una versión inspirada en los colores de su casco.

De Richard Mille al reloj de Aston Martin

Su colección también ha evolucionado junto a su carrera. Actualmente se le ha visto con el Breitling Navitimer B01 Chronograph 43 Aston Martin Aramco Formula One Team, presentado después de que Breitling se vinculara al equipo y cuyo precio ronda los 10.500 euros. En épocas anteriores también estuvo relacionado con TAG Heuer y Viceroy, mientras que su vínculo con Richard Mille comenzó en 2017. Eso ha hecho que su muñeca refleje, en cierta manera, las distintas etapas de su trayectoria deportiva.

Lo curioso es que Alonso no renuncia a lo práctico pese a disponer de piezas reservadas para muy pocos coleccionistas. Puede llevar tecnología de consumo un día y un tourbillon de siete cifras al siguiente. Su colección resume perfectamente esa mezcla: funcionalidad cuando la necesita y auténticas obras de ingeniería cuando se trata de disfrutar de una de sus grandes aficiones fuera del coche.