Fernando Alonso ya competía en coches cuando llegó el momento de sacarse el carnet de conducir, pero eso no significó que el examen de la DGT fuera un simple trámite. El asturiano ha recordado que incluso estuvo cerca de complicarse el práctico por una razón que resulta especialmente llamativa teniendo en cuenta quién estaba al volante: "Iba demasiado lento". Varios medios cuentan que aprobó el práctico con una falta leve precisamente por circular por debajo del ritmo esperado.
La paradoja es evidente. Alonso llevaba años acostumbrado a competir y a conducir vehículos a velocidades que nada tienen que ver con una carretera convencional. Sin embargo, conducir bien en un circuito y superar un examen de tráfico son dos cosas completamente distintas. En la calle importan la anticipación, las normas, las distancias y una conducción suficientemente fluida, no ser el más rápido.
Solo necesitó una clase práctica antes del examen
El propio Alonso explicó que apenas hizo una clase práctica antes de presentarse al examen. Su objetivo era conocer cómo funcionaba la prueba y qué esperaba exactamente el examinador, porque dominar un monoplaza no significa conocer todos los automatismos exigidos en la conducción cotidiana.

También reconoció que en aquel momento no se consideraba especialmente buen conductor. Sabía controlar un coche a gran velocidad, pero todavía tenía que adaptarse a una manera de conducir completamente distinta, mucho más pendiente de señales, cruces, prioridades y del resto de usuarios.
Hasta el teórico le dio más trabajo del esperado
La historia resulta todavía más curiosa porque el examen teórico tampoco salió perfecto a la primera. Alonso necesitó dos intentos para aprobarlo, otra demostración de que la experiencia en competición no sustituye el conocimiento específico que exige el permiso de conducir. Con los años, la anécdota se ha convertido en una de esas historias que humanizan a alguien acostumbrado a hacer cosas extraordinarias al volante. El mismo piloto capaz de ganar Grandes Premios tuvo que sentarse frente a un examinador como cualquier joven de 18 años y escuchar una corrección inesperada: debía acelerar un poco más.
En su caso, el problema nunca fue correr demasiado. Fue exactamente lo contrario. Antes de convertirse en una de las grandes figuras de la Fórmula 1, Fernando Alonso estuvo a punto de complicarse el carnet de conducir por ser, al menos durante aquel examen, demasiado prudente.