Fermín López, sobre sus años en La Masía: “Llegué a mi límite, no aguantaba más, era mucha frustración”

Fermín López tenía 13 años cuando dejó su casa para instalarse en La Masía. Llegaba con ilusión, pero también tenía que aprender a vivir lejos de sus padres, adaptarse a otras rutinas y encontrar su sitio entre nuevos compañeros. Años después, en una entrevista concedida a Mundo Deportivo, recordó hasta qué punto se le hizo difícil una etapa de aquella vida: “Llegué a mi límite, no aguantaba más, era mucha frustración”.

En este sentido, su recuerdo se detiene en el último año de juvenil, durante unos meses anteriores a Navidad. La falta de oportunidades le pesaba y el desánimo lo acompañaba fuera de los entrenamientos. Enfadarse, pensar continuamente en lo que no estaba saliendo y sentirse lejos de sus expectativas acabó afectando también a su concentración para estudiar. Aquel malestar ocupaba una parte cada vez mayor de su día.

Vivir lejos de casa cuando todavía eres un niño

Su relato permite detenerse en una parte de esas mudanzas que suele quedar detrás de la oportunidad. Con 13 años, cambiar de ciudad también significa dejar de compartir con la familia las pequeñas cosas cotidianas. Las comidas, las conversaciones al volver de clase o la posibilidad de buscar compañía después de un mal día adquieren otro valor cuando dejan de estar al alcance de la mano.

Fermín gol Barça València
Fermín gol Barça València

De esta manera, las llamadas y las amistades pasan a ocupar un lugar especial. En una residencia, los compañeros comparten horarios, estudios y muchas horas fuera del campo. Son también quienes pueden advertir que alguien está más callado o necesita compañía. En esa convivencia se construyen vínculos que van más allá de jugar juntos y que ayudan a hacer habitable un lugar que, al principio, resulta completamente nuevo.

Encontrar compañía y aprender a pedir ayuda

Fermín explicó que recibió apoyo psicológico en La Masía y que le ayudó a gestionar lo que estaba viviendo. También recordó la cercanía de sus padres y de sus amigos Gavi y Cristo, que intentaban animarlo. Al contar aquella experiencia, reconoció el valor de tener personas a las que acudir cuando el desánimo empezaba a resultar difícil de llevar.

Así pues, sus palabras ponen el foco en el adolescente que había detrás del futbolista. Antes de encontrar estabilidad, tuvo que afrontar distancia, incertidumbre y expectativas difíciles de manejar. Su testimonio deja espacio para hablar de esa experiencia sin reducirla a lo que ocurrió después en su carrera: sentirse acompañado y recibir ayuda tuvieron valor en aquel momento, cuando lo que necesitaba era encontrarse mejor.