Durante 16 años, una familia de Estados Unidos vivió en una caravana mientras levantaba, pieza a pieza, la casa que habían imaginado. No recurrieron a materiales convencionales ni a grandes constructoras. Apostaron por el reciclaje extremo, por la autoconstrucción y por una forma de vida que hoy muchos califican de radicalmente sostenible y respetuosa con el planeta.

Cameron y Janeen Schiff comenzaron instalándose en una caravana en el terreno que habían adquirido. Allí criaron a sus dos hijos mientras avanzaban lentamente en la construcción. Primero levantaron una pequeña habitación con una litera para los niños. Después, cada estancia se fue añadiendo como una unidad independiente, hasta que el conjunto empezó a parecer una auténtica vivienda.

Una casa levantada con restos industriales y tablas de surf

La estructura principal está formada por vigas de acero recuperadas de una fábrica de Lockheed desmantelada. El aislamiento procede de viejas tablas de surf de Patagonia. La encimera de la cocina se compone de decenas de piezas de mármol reutilizadas y el hormigón roto terminó convertido en escaleras y senderos exteriores. Janeen necesitaba un espacio para trabajar desde casa en ventas, así que construyeron una oficina independiente. Finalmente, completaron la estancia principal, una sala casi poligonal, con techos de tres metros, cocina abierta y un dormitorio tipo loft

Caravana
Caravana

La familia se enfrentó también a problemas de agua cuando dos pozos se secaron. Lejos de abandonar, decidieron vivir exclusivamente del agua de lluvia. Todos los tejados recogen el agua, que luego se bombea montaña arriba hasta depósitos de almacenamiento. Cameron instaló tuberías estratégicas para garantizar presión suficiente, incluso para rociadores contra incendios.

Energía, compostaje y hasta un jacuzzi solar

La hija de la familia los bautizó como “Pioneros de la Era Moderna”. Cameron cableó la casa para dotarla de electricidad, pero optaron por un inodoro de compostaje de sistema doble. Cada depósito tarda unos dos años en llenarse; después lo dejan reposar más de dos años para eliminar patógenos. El ingenio no terminó ahí. Construyeron un jacuzzi solar a partir de una cuba industrial y transformaron uno de los tanques de almacenamiento en pista de patinaje. Con el agua de lluvia abastecen duchas interiores y exteriores, una bañera al aire libre y su huerto de frutales.

Dieciséis años después, la vida en una pequeña caravana quedó atrás. En su lugar, una vivienda construida con desechos demuestra que otra manera de edificar —más lenta, pero más consciente es posible.