Los jubilados que viven en una casa antigua deberían aprovechar las semanas del verano sin lluvias para revisar la cubierta y corregir cualquier problema de impermeabilización. Los expertos en rehabilitación advierten de que esperar a las primeras lluvias puede convertir una pequeña fisura en una avería costosa. Una teja desplazada, una junta deteriorada o un canalón obstruido pueden provocar filtraciones, humedades y daños en techos y paredes.
Y es que muchas viviendas construidas hace varias décadas conservan cubiertas que no han recibido un mantenimiento profundo en años. A simple vista pueden parecer en buen estado, pero el calor, el viento y los cambios de temperatura terminan desgastando las juntas y los materiales protectores. Cuando llega el otoño, el agua encuentra cualquier punto débil y empieza a penetrar en la estructura.
Impermeabilizar evita reparaciones más caras
La realidad es que una revisión preventiva suele resultar mucho más económica que reparar los daños provocados por una filtración. Antes de impermeabilizar, conviene comprobar el estado de las tejas, las chimeneas, los encuentros con las paredes, las terrazas y los desagües. También deben limpiarse los canalones para evitar que el agua se acumule y termine entrando en la vivienda.

Si se detectan grietas o zonas deterioradas, un profesional puede aplicar láminas impermeables, morteros específicos o revestimientos protectores. No siempre es necesario renovar toda la cubierta. En muchos casos basta con intervenir en los puntos más vulnerables y sustituir las piezas dañadas antes de que el problema avance. Esta actuación también ayuda a proteger el aislamiento. Cuando la humedad entra en el tejado, los materiales aislantes pierden eficacia y la casa puede resultar más fría durante el invierno.
Las humedades afectan a la vivienda y a la salud
El problema no es únicamente estético. Las filtraciones pueden generar moho, malos olores y manchas persistentes. En personas mayores o con problemas respiratorios, vivir en un ambiente húmedo puede aumentar las molestias y reducir el bienestar dentro de casa. Además, una humedad mantenida puede deteriorar vigas, falsos techos, instalaciones eléctricas y muebles. Cuanto más tiempo se tarda en localizar el origen, más compleja y cara resulta la reparación.
Así pues, los expertos recomiendan revisar e impermeabilizar la cubierta antes de acabar el verano. Actuar con tiempo permite trabajar con materiales secos, anticiparse a las lluvias y evitar que una pequeña grieta termine convirtiéndose en una reforma de miles de euros.