Espartac Peran, sobre la pérdida que marcó su vida: “Perdí a mis padres de golpe y fue una sacudida fuerte”

La ausencia de unos padres también se manifiesta en los gestos que permanecen. Una manera de escuchar, una costumbre o un lugar familiar pueden devolver su recuerdo sin necesidad de buscarlos. Espartac Peran ha hablado de esa presencia después de la muerte y de cómo ha aprendido a reconocerla en su propia vida. Su experiencia le ha llevado a compartir una reflexión sobre el duelo que atraviesa también sus libros.

El periodista lo explicó en La Caravana, de Ràdio Estel. Recordó el fuerte impacto de perder a sus padres y señaló que, con los años, siente especialmente la presencia de su madre dentro de él. Atribuye esa continuidad al recuerdo. Su relato conecta el dolor de la pérdida con una forma de conservar el vínculo, incluso cuando ya no es posible compartir el día a día.

Los gestos que mantienen cerca a sus padres

En otra entrevista, en Islàndia, de RAC1, Peran contó a Albert Om que reconoce a su madre en su manera de escuchar a los demás. También explicó que repite gestos de su padre cuando visita el cementerio. Aquellas pequeñas acciones, aprendidas durante la infancia, adquieren otro significado después de la pérdida: al hacerlas, encuentra una continuidad entre lo que recibió de sus padres y la persona en la que se ha convertido.

Espartac Peran   Instagram (1)
Espartac Peran Instagram (1)

La memoria familiar incluye además una pérdida anterior a su nacimiento. Su hermano Eliseu murió siendo un niño y aquella ausencia marcó profundamente a sus padres. Al convertirse él mismo en padre, Peran pudo acercarse de otra manera a lo que habían vivido. Esa experiencia forma parte de Tres desitjos abans de morir, un libro que también presentó como una oportunidad para comprender mejor a su familia y rendirle homenaje.

Hablar de la muerte también con los niños

Su reflexión llegó después al público infantil con El secret de la calaixera. En Ràdio Estel explicó que el cuento surgió a partir de un comentario de su hijo, sorprendido al descubrir que los adultos también tenían miedo. La historia aborda esas emociones y la muerte. Peran defiende hablar del tema con los pequeños teniendo en cuenta su edad y evitando explicaciones que puedan confundirlos.

En su propia familia, mantener el recuerdo también significa nombrar a los abuelos y enseñar a sus hijos los lugares que formaron parte de sus vidas, como el mercado donde trabajaba su madre. Son formas concretas de transmitir quiénes fueron. La historia que comparte el periodista encuentra ahí su sentido: junto al impacto de perderlos, permanece lo que aprendió de ellos y todavía puede contar a la siguiente generación.