Así es Rocafonda: el barrio de Mataró en el que Lamine Yamal se ha criado desde pequeño

Rocafonda es el barrio de Mataró que Lamine Yamal lleva a los estadios con una celebración como lo es la de dibujar con las manos el número 304. Son las tres últimas cifras de su código postal, el 08304, y una referencia a los lugares donde pasó buena parte de su infancia. Allí están sus vínculos familiares, sus amigos y los recuerdos que conserva de una vida anterior a los focos del fútbol profesional.

En este sentido, conocer Rocafonda permite entender qué representa ese gesto. Es un barrio de raíces obreras, marcado por distintas generaciones de familias que llegaron a Mataró para construir su vida. Su crecimiento se aceleró durante los años sesenta y setenta, cuando se levantaron numerosos bloques de viviendas. Más tarde recibió nuevos vecinos de otros países, incorporando otras procedencias a una identidad ligada al trabajo y a la vida comunitaria.

Una avenida con vida y espacios para encontrarse

La avenida de América es uno de sus principales ejes. Su paseo central ocupa el trazado de un antiguo canal de desvío de aguas, cuya cobertura supuso una mejora importante para el vecindario. Con el tiempo se incorporaron zonas de estancia, sombra y juegos infantiles. Es una calle que ayuda a explicar el barrio desde lo cotidiano: caminar, encontrarse con conocidos y compartir los espacios entre los edificios.

Aj.Mataró
Aj.Mataró

De esta manera, Rocafonda combina viviendas con equipamientos que sostienen la actividad vecinal. El centro cívico acoge entidades y dispone de espacios para reuniones, formación y actos. En el entorno también hay centros educativos, instalaciones deportivas y servicios públicos. Esa red forma parte de un barrio donde la asociación de vecinos ha tenido protagonismo en las reivindicaciones para mejorar las condiciones de quienes viven allí.

El fútbol como recuerdo de infancia

Para Lamine, Rocafonda está asociado especialmente a la familia y a las tardes fuera de casa. En el documental sobre sus orígenes recogido por Relevo, explicó que allí vivían su abuela y sus primos, y que jugaba al fútbol y a las cartas. La pista y los encuentros con otros niños aparecen en los reportajes sobre sus primeros años como escenarios donde empezó a desarrollar su manera de jugar.

Así pues, el 304 permite que ese vínculo viaje con él cuando marca. Su éxito ha dado visibilidad a Rocafonda y ha convertido el nombre del barrio en una referencia reconocible para aficionados de muchos lugares. Detrás siguen estando las calles, las familias y los espacios compartidos de su infancia: el entorno que Lamine reivindica cada vez que levanta las manos para celebrar.