Emma Vilarasau, sobre el coste de vivir: “Antes podía trabajar de actriz y vivir sola de alquiler”

Emma Vilarasau pudo dejar de compartir piso a los 29 años porque su sueldo de actriz le permitía pagar un alquiler sola. No recuerda aquella etapa como un momento de grandes ingresos, sino como una independencia que podía sostener con su trabajo. Al compararla con las dificultades de quienes intentan emanciparse ahora, la intérprete encuentra un ejemplo concreto del deterioro de las condiciones de vida entre generaciones.

“Antes podía trabajar de actriz y vivir sola de alquiler”, explicó en una entrevista con VilaWeb. La conversación, con motivo de la obra Els fills, abordaba el mundo que recibirán las nuevas generaciones. Para hablar de economía, Vilarasau recurrió a su experiencia: había compartido vivienda de joven, pero llegó un momento en que pudo asumir el gasto por su cuenta.

Un sueldo que permitía tener una casa propia de alquiler

En este sentido, su recuerdo plantea una comparación que va más allá de cuánto costaba un piso. La cuestión es qué margen dejaba el salario para organizar una vida independiente. Pagar la vivienda sin compartirla permite decidir dónde vivir y cómo distribuir el espacio cotidiano. Cuando ese gasto absorbe casi todos los ingresos, disponer de trabajo deja de ser suficiente para dar el paso con tranquilidad.

Emma Vilarasau   RTVE Play (1)
Emma Vilarasau RTVE Play (1)

Los datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España permiten dimensionar esa dificultad. En su balance de 2025, publicado en mayo de 2026, situó la emancipación juvenil en el 14,5%. También calculó que el alquiler medio de una vivienda alcanzaba los 1.176 euros mensuales, equivalentes al 98,7% del salario medio de una persona joven. Son cifras estatales que ayudan a entender el obstáculo económico de vivir solo.

La preocupación por quienes vienen detrás

De esta manera, Vilarasau vinculaba la vivienda con una preocupación más amplia: los salarios estancados, el encarecimiento de la vida y la desesperanza que percibe entre los jóvenes. También reconocía que muchos se movilizan y se implican en distintas causas. Su reflexión incluía el cansancio de reclamar cambios sin ver resultados y la falta de tiempo para organizarse mientras se atienden las obligaciones diarias.

Así pues, aquel alquiler que pudo pagar con su sueldo funciona como una medida sencilla de la autonomía. La comparación obliga a mirar cuánto queda después de abonar la vivienda para comida, transporte, suministros o imprevistos. Tener ingresos y poder construir una vida independiente deberían ser pasos conectados; cuando se separan, emanciparse se convierte en una decisión cada vez más difícil.