Regar las plantas de interior siempre el mismo día de la semana puede ser uno de los errores más habituales al cuidarlas. Eduardo Barba, jardinero, paisajista e investigador botánico, recuerda que la cantidad de agua que necesita una planta está directamente relacionada con la luz que recibe. Cuando disminuyen las horas de sol y también su intensidad, especialmente durante otoño e invierno, la planta reduce su actividad y consume menos agua.
“Al tener menos luz, necesitarán menos agua. Es una relación directa”, explica Barba. Por eso rechaza recomendaciones universales como regar una vez a la semana o cada tres días. Cada vivienda tiene una orientación distinta, las temperaturas cambian y tampoco son iguales el tamaño de la maceta, el tipo de sustrato o la especie. Lo importante no es seguir un calendario, sino observar qué está ocurriendo realmente dentro de la tierra.
Regar de más puede ser peor que esperar
Barba recomienda dejar que se seque, como mínimo, aproximadamente el primer tercio del sustrato antes de volver a aportar agua a muchas plantas de interior. Una forma sencilla de comprobarlo es introducir un palillo de bambú en la maceta. Si al retirarlo únicamente aparece humedad en la parte más profunda, puede haber llegado el momento de regar. Si buena parte sale húmeda, todavía hay agua suficiente.

Esta precaución cobra todavía más importancia en los meses con poca luz. La combinación de escasa iluminación y exceso de agua debilita las plantas y favorece problemas relacionados con las raíces y determinadas enfermedades. Algunas plantas pueden llegar a pasar varias semanas sin necesitar un nuevo riego durante el otoño, algo que sorprende a quienes mantienen exactamente la misma rutina durante todo el año.
La ubicación de la planta determina casi todo
Antes incluso de decidir cuánto regar, Barba recomienda observar dónde está situada la maceta. La cantidad de luz disponible condiciona por completo qué planta puede prosperar en ese rincón de la casa. No es lo mismo estar junto a una ventana luminosa que varios metros hacia el interior, aunque ambas plantas se encuentren dentro de una misma habitación.
Por eso, una planta que necesita agua cada pocos días durante el verano puede requerir una frecuencia completamente diferente en invierno. El truco no consiste en memorizar cada cuánto hay que regarla, sino en mirar la luz y comprobar el sustrato antes de coger la regadera. Para Barba, la observación sigue siendo la herramienta más fiable: cuanto menos luz recibe una planta, más cuidado hay que tener con seguir añadiendo agua simplemente porque haya llegado “el día de riego”.