Dormir bien se ha convertido casi en una competición. Cada vez más personas se levantan, miran el reloj inteligente y comprueban cuántas horas han dormido, cuánto sueño profundo han acumulado o cuánto tiempo han pasado en fase REM. El problema aparece cuando esos datos dejan de ser una referencia y empiezan a condicionar cómo creemos que hemos descansado. Eduard Estivill, especialista en medicina del sueño, ha advertido precisamente de este fenómeno: controlar demasiado el descanso puede generar preocupación y terminar empeorándolo.
El fenómeno tiene nombre y se trata de la ortosomnia. Se utiliza para describir la obsesión por conseguir un sueño perfecto y por vigilar constantemente los parámetros que ofrecen los dispositivos electrónicos. Estivill señala que cada vez afecta a más jóvenes y que puede aparecer cuando una persona empieza a confiar más en lo que dice su reloj que en sus propias sensaciones al despertar.
El problema empieza cuando el reloj es el que decide
Una persona puede levantarse con energía y sentirse descansada, pero cambiar completamente de percepción después de mirar la pantalla. Si el dispositivo indica pocas horas de sueño profundo o una puntuación baja, puede empezar a pensar que ha dormido mal aunque hasta ese momento no tuviera esa sensación.
Esa preocupación puede crear un círculo difícil de romper. La noche siguiente aparece la presión por mejorar los números, alcanzar determinadas horas o conseguir una puntuación perfecta. Y cuanto mayor es la preocupación por dormir bien, más difícil puede resultar relajarse. Estivill define precisamente esta obsesión como un comportamiento capaz de acabar provocando peor descanso.
Los datos sirven, no deben convertirse en una obsesión
Esto no significa que los relojes inteligentes sean necesariamente perjudiciales. Pueden resultar útiles para observar tendencias, detectar horarios irregulares o entender algunos hábitos. El problema aparece cuando una persona consulta los resultados cada mañana y empieza a modificar su estado de ánimo o su rutina exclusivamente en función de esas cifras. Además, dormir bien no depende únicamente del número de horas. Estivill insiste habitualmente en que también importa la calidad del sueño y que dormir y descansar no son exactamente lo mismo. Una persona puede pasar suficientes horas en la cama y no alcanzar un descanso reparador por estrés, despertares frecuentes u otros problemas.
Por eso, la recomendación de fondo es sencilla, ya que el reloj puede aportar información, pero no debería convertirse en el juez de cada noche. Mantener horarios regulares, preparar el descanso antes de acostarse y valorar cómo nos sentimos durante el día continúa siendo más importante que perseguir una puntuación perfecta. Paradójicamente, intentar controlar demasiado el sueño puede convertirse precisamente en aquello que nos impide dormir tranquilos.
