Mezclar vinagre y bicarbonato produce una efervescencia que puede dar la impresión de estar actuando contra la suciedad. Sin embargo, esas burbujas no demuestran que la superficie se esté desinfectando. Deborah García Bello lo explica en laSexta, contando ambos ingredientes reaccionan entre sí y el resultado no se convierte en un desinfectante por mucho que la mezcla haga espuma.
“No tiene poder de desinfección”, señala la química. El vinagre contiene ácido acético, que reacciona con el bicarbonato mediante una neutralización. Durante el proceso se libera dióxido de carbono, responsable de las burbujas. La explicación permite distinguir lo que vemos de lo que realmente consigue la preparación, que se trata de una reacción vistosa, la cual no garantiza que se eliminen los microorganismos.
La espuma no demuestra que esté desinfectando
En este sentido, el error consiste en sumar mentalmente las propiedades de dos ingredientes sin considerar qué sucede cuando entran en contacto. La mezcla transforma las sustancias iniciales y modifica sus características. García advierte también de que no debe guardarse en un recipiente cerrado: el gas generado puede aumentar la presión. Prepararla para conservarla y utilizarla después añade un riesgo innecesario a un remedio doméstico que no ofrece una desinfección garantizada.

De esta manera, conviene separar dos tareas diferentes. Limpiar consiste en retirar suciedad e impurezas de una superficie; desinfectar implica utilizar un producto capaz de inactivar o eliminar determinados microorganismos. Una encimera puede parecer limpia sin haber pasado por una desinfección. Cuando esta sea necesaria, retirar primero los restos y la suciedad facilita que el producto elegido actúe correctamente, siguiendo siempre las indicaciones previstas para su uso.
Elegir el producto según la tarea
Para desinfectar, la referencia debe ser la etiqueta de un producto autorizado para esa función y adecuado a la superficie. Allí se especifican el modo de aplicación, las precauciones y las condiciones de uso. Respetar esas instrucciones resulta más útil que improvisar combinaciones. También es importante conservar los productos en sus envases originales, donde permanecen disponibles los datos necesarios para identificarlos y utilizarlos de manera correcta.
Así pues, ver espuma no permite saber si un procedimiento está funcionando. Para valorar el resultado hay que partir de la tarea que queremos resolver: retirar grasa, eliminar restos o desinfectar. La advertencia de Deborah García ayuda a evitar esa confusión y a elegir una solución concreta sin atribuir propiedades desinfectantes a una reacción llamativa.