Todo el mundo conoce a David Villa, considerado como uno de los mejores jugadores en la historia de España, y que dejó un gran recuerdo en los clubes que defendió, como el Zaragoza, el Sporting de Gijón, el Barça, el Valencia y el Atlético de Madrid. Todavía puede presumir de ser el máximo realizador en la historia de la selección española, con la cual conquistó una Eurocopa y un Mundial, siendo decisivo en ambos, gracias a sus goles.
Pero poca gente conocerá la historia que se esconde detrás del futbolista, y que es realmente curiosa. Él mismo se encargó de explicar algunos de los detalles más íntimos, y recordó como comenzó a jugar al fútbol, cuando solamente era un niño. Dejó frases muy llamativas en su conversación con ‘The Players Tribune’, relatando cómo se enamoró de este deporte, que posteriormente le sirvió para consagrarse como una leyenda, y uno de los mejores delanteros de este siglo.
“Mi padre tenía que arriesgar su vida para dar de comer a su familia y él quería una vida mejor para mí. Sin él, yo nunca hubiera jugado en el Valencia, el Barça o el Atlético de Madrid. Nunca hubiera ganado el Mundial. Nunca hubiera fichado con el New York City. ¡Qué demonios, no sabría casi ni correr! Esto puede sonar a broma, pero es totalmente cierto: sin mi padre, una de mis piernas hubiera sido más corta que la otra”, empezó explicando el goleador asturiano.
“Tuilla era un pueblo obrero, pero también era un sitio muy alegre, con mucha gente, lleno de niños. Yo era muy feliz. No cambiaria mi infancia por nada del mundo. Vivíamos en un piso pequeño, que siempre estaba lleno de amigos y familiares. Recuerdo que, para poder jugar dentro de casa, yo mismo tenía que hacer las pelotas con papel y cinta adhesiva porque mi madre no me dejaba utilizar una de verdad. Al parecer, solo rompía cosas. Así que jugábamos en las calles, en las plazas y en una pista interior de fútbol sala en el colegio. Cuando llovía, jugábamos en una zona cubierta a la que llamábamos ‘el patio’. También jugábamos en un parking y en un terreno de césped desnivelado cerca de nuestra puerta. Pensando en ello, diría que no hay ningún sitio de Tuilla donde no hayamos jugado fútbol”, prosiguió.
El accidente que pudo acabar prematuramente con la carrera de Villa
Villa también recordó cuando se rompió el fémur, cuando tan solo tenía cuatro años. “Un día, cuando tenía 4 años, yo estaba (¡oh sorpresa!) jugando fútbol cuando un niño mayor que yo cayó encima mío. Recuerdo un dolor terrible. Fuimos al hospital y resultó que me había roto el fémur de la pierna derecha. Como era muy pequeño, los médicos no encontraron ninguna manera para curar el hueso que no me provocara un déficit de crecimiento. O sea, tendría una pierna más corta que la otra. ¡No es lo ideal si quieres ser futbolista!”, explicó ‘El Guaje’, ensalzando la figura de su padre.
"Mi padre removió cielo y tierra para encontrar una solución. Un día encontró a un médico que tenía una teoría sobre los pesos. Debería tener las piernas colgando en el hospital, día tras día. Fue muy duro para un niño de 4 años, se me hizo eterno, pero tenía que hacerlo para que el hueso se soldara bien. Al menos eso es lo que mis padres me han contado. Yo prácticamente no recuerdo nada de esos días. ¡Seguramente porque tenía las piernas colgando cada día! Cuando pude levantarme de la cama, volví a jugar fútbol otra vez. Todavía llevaba el pie derecho escayolado, así que iba cojeando al patio, me apoyaba en la pared de la casa y entonces mi padre me tiraba la pelota al pie izquierdo. Y se la devolvía una y otra vez. Cuando la gente analiza mi juego ahora, explican que puedo chutar con las dos piernas”, sentenciaba.