Sentir un dolor que nace en la zona lumbar o el glúteo y baja por la pierna suele despertar rápidamente una preocupación como lo es la de tener una hernia discal. Sin embargo, Daniel Sanjuán, fisioterapeuta, profesor universitario e investigador, advierte de que esta asociación automática no siempre es correcta. La ciática puede estar relacionada con una hernia, pero una cosa no implica necesariamente la otra.
“La ciática describe un síntoma: un dolor que sigue el recorrido del nervio ciático, normalmente desde la zona lumbar o glútea hacia la pierna”, explica Sanjuán. Por eso insiste en una distinción importante: “Tener ciática no significa necesariamente tener una hernia discal”. El especialista aborda esta y otras creencias relacionadas con el dolor en su libro Tu cuerpo no está roto.
La hernia discal es una causa, pero no la única
Una hernia aparece cuando parte del material situado en el interior de un disco intervertebral sobresale y puede presionar una raíz nerviosa. Esa compresión sí puede provocar síntomas compatibles con la ciática, como dolor que baja por una pierna, hormigueo, entumecimiento o incluso debilidad. Es una causa frecuente, pero existen otras posibilidades que deben valorarse.
Por ejemplo, el crecimiento de hueso asociado a cambios degenerativos puede comprimir las raíces nerviosas. También una estenosis espinal, que reduce el espacio disponible para los nervios, puede producir dolor irradiado. Por eso, conocer únicamente dónde duele no basta para determinar exactamente qué estructura está causando el problema. La valoración clínica cobra especial importancia antes de sacar conclusiones.
Dejar de moverse tampoco siempre es la solución
Sanjuán también combate otra reacción habitual ante el dolor: dejar de moverse completamente por miedo a empeorar. Según explica, salvo situaciones concretas en las que esté indicada una inmovilización, mantener movimiento adaptado a cada caso suele ser preferible a eliminar toda actividad. La inactividad puede reducir progresivamente la capacidad física y aumentar el miedo al movimiento.
Eso tampoco significa ignorar determinados síntomas. Una debilidad repentina importante en una pierna, pérdida de sensibilidad o problemas nuevos para controlar la vejiga o el intestino requieren valoración médica inmediata. La clave está, por tanto, en no diagnosticar una hernia únicamente porque el dolor recuerde a una ciática y buscar la causa real cuando los síntomas lo aconsejen.
