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Un abogado fiscalista advierte que facturar 2.500 euros al mes como autónomo no equivale a ganar 2.500 euros. De esa cantidad salen gastos de actividad, cuota a la Seguridad Social, IRPF y otros costes que un asalariado no afronta ni siguiera imagine. Por eso, en determinados casos, el dinero disponible puede acercarse al de una persona que cobra el salario mínimo.

En 2026 el salario mínimo está fijado en 1.221 euros brutos al mes en 14 pagas, es decir, 17.094 euros anuales. Un asalariado, además, tiene vacaciones pagadas, cotización empresarial y protección laboral. El autónomo, en cambio, debe generar ingresos suficientes también durante los periodos en los que no factura y asumir los gastos necesarios para mantener su actividad.

Facturar 2.500 euros no significa ganar 2.500

La comparación empieza a entenderse al separar facturación de beneficio. Si un profesional factura 2.500 euros mensuales pero tiene 500 euros de gastos deducibles, su rendimiento baja a 2.000 euros antes de calcular determinadas obligaciones. Después aparece la cuota de autónomos, que en 2026 depende del tramo de rendimientos netos, además del IRPF que corresponda según su situación.

El sistema de cotización por ingresos reales también obliga a mirar cuánto queda después de gastos, no cuánto entra en la cuenta. Para rendimientos netos entre 1.850 y 2.030 euros mensuales, por ejemplo, la base mínima de cotización en 2026 es de 1.209,15 euros. Sobre la base elegida se aplican los tipos de cotización establecidos para los trabajadores autónomos.

La diferencia está en todo lo que no aparece en la factura

Por eso la frase del fiscalista debe entenderse como una comparación práctica, no como una regla matemática válida para todos. Un autónomo con pocos gastos, deducciones favorables o una actividad muy rentable puede conservar más dinero. Otro con alquiler, gestoría, desplazamientos, herramientas o seguros puede quedarse por debajo de un asalariado que aparentemente cobra mucho menos en bruto.

También hay una diferencia que no aparece en la factura mensual, como lo es el tiempo. El trabajador con salario mínimo cobra cuando disfruta de vacaciones y tiene derechos vinculados a su relación laboral. El autónomo suele necesitar incorporar esos días sin ingresos al precio que cobra a sus clientes. De ahí la advertencia: facturar 2.500 euros no significa tener un sueldo de 2.500. Para comparar de verdad hay que descontar costes, impuestos y cotizaciones y valorar también vacaciones, estabilidad y protección social. Eso explica por qué muchos profesionales necesitan facturar más para igualar el poder adquisitivo de una nómina.