Los jubilados que estén pensando en cambiar la calefacción antes de que llegue el frío todavía pueden encontrar un ahorro importante a través de las deducciones por obras de eficiencia energética. En 2026 siguen vigentes los incentivos fiscales que permiten recuperar una parte de la inversión cuando la reforma consigue reducir de forma acreditada el consumo o la demanda energética de la vivienda.
La ayuda no se concede simplemente por sustituir una caldera antigua. Para aplicar la deducción es necesario demostrar la mejora mediante certificados energéticos emitidos antes y después de la obra. Dependiendo del resultado conseguido, la deducción puede alcanzar el 20%, el 40% o incluso el 60% de las cantidades pagadas, con límites específicos en cada modalidad.
Hasta el 40% por mejorar la vivienda
La primera deducción permite recuperar el 20% cuando las obras reducen al menos un 7% la demanda de calefacción y refrigeración. La base máxima anual es de 5.000 euros. Una segunda opción eleva la deducción al 40% si se reduce al menos un 30% el consumo de energía primaria no renovable o si la vivienda alcanza una calificación energética A o B.

En este segundo caso, la base máxima anual asciende a 7.500 euros, por lo que el ahorro fiscal puede llegar a 3.000 euros. Una sustitución por aerotermia, acompañada de otras mejoras necesarias, puede encajar si el certificado energético acredita el salto exigido. En cambio, desde 2026 no computan los costes correspondientes a instalar o sustituir equipos que funcionen con combustibles fósiles.
Las rehabilitaciones de edificios llegan al 60%
Cuando la actuación afecta al conjunto de un edificio residencial, la deducción puede alcanzar el 60%. Para ello debe reducirse al menos un 30% el consumo de energía primaria no renovable del edificio o conseguir una calificación A o B. Estas obras pueden seguir generando derecho a deducción durante 2026 y 2027, según la modalidad aplicable.
El punto clave para los jubilados es que no existe una ayuda especial únicamente por cobrar una pensión. El beneficio depende de la reforma, del certificado energético y de disponer de suficiente cuota de IRPF para aprovechar la deducción. También deben conservarse facturas y pagos bancarios, ya que el efectivo no genera derecho a deducir. Renovar la calefacción puede ahorrar miles de euros, pero conviene pedir primero una simulación energética para saber qué porcentaje podrá aplicarse realmente. Así se evita realizar una inversión pensando en una deducción que después Hacienda podría rechazar por no alcanzar la mejora mínima exigida por la normativa.