Ansu Fati no es que tenga unos orígenes humildes, es que directamente tardó varios años en poder llegar a España. Nació y creció en Guinea-Bissau uno de los países más pobres del continente africano y con menos recursos, y donde estuvo sus primeros seis años de vida. Su padre, Bori, en cambio, tuvo que marcharse antes, para buscar un trabajo en Europa, y así ayudar en todo lo posible a su familia, y asegurarse que no les faltara de nada.
Esto provocó que el actual jugador del AS Mónaco no conociera prácticamente a su padre antes de mudarse a España. No tenía recuerdos de él, debido a que era muy pequeño, y era prácticamente un desconocido, aunque ya valoraba los grandes esfuerzos que había hecho para asegurarse de que estuviera bien. Por suerte, la suerte acompañó a todos cuando se instalaron en Sevilla, donde el delantero nacido en el año 2002 descubrió el fútbol, y llegó a jugar en las categorías inferiores del club andaluz.

“En 2009 cogí el avión por primera vez con mi madre, mis dos hermanos y mi hermana mayor para ir a vivir a España. Yo no conocí a mi padre. Había visto algunas fotos de él y hablábamos de vez en cuando por teléfono, pero eso era todo. Corrí a tirarme a sus brazos cuando nos encontramos en el aeropuerto de Sevilla. Se había ido solo a ganar dinero en Europa cuando yo era muy joven. Quería que tuviéramos una vida mejor. Pudo haberse ido y olvidado de nosotros, como hacen otros, pero trabajó duro, desde las 6 de la mañana hasta la noche, para poder traernos aquí. Siempre valoraré el sacrificio que hizo mi padre por nosotros”, recordó el futbolista en una entrevista hace unos años al diario ‘Sport’.
“Nunca había visto edificios en mi vida antes de llegar a Herrera (cerca de Sevilla). Poco a poco fuimos conociendo a nuestros vecinos y a las personas que ayudaron a mi padre cuando llegó. Empecé la escuela dos meses después de que viniéramos. Estaba registrado con niños menores de un año, porque todavía no hablaba español. Yo tampoco sabía leer, pero aprendí rápido. Me apliqué porque sabía que, si no era así, mi padre se podía enfadar”, añadió Ansu para sentenciar.
Tan solo tres años después de llegar a Sevilla, en 2012, los ojeadores del Barça descubrieron a Fati, y quedaron impresionados. Tanto que lo ficharon de inmediato, y pasó a alojarse en la Masía, mientras que su familia también se trasladó a la ciudad condal. Y en 2019, de la mano de Ernesto Valverde y todavía con 16 años, cumplió su sueño de debutar en el primer equipo, marcando un gol en su segundo partido.