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Àngel Llàcer puso una Harley-Davidson en la entrada de su fiesta de cumpleaños y anunció que uno de los invitados podría llevársela. Para conseguirla había que superar varias pruebas, como si la celebración fuera un concurso. El director teatral recordó esta anécdota en El Hormiguero, donde explicó cómo había convertido una reunión de más de 250 personas en una competición con un premio que difícilmente podía pasar desapercibido.

En este sentido, la sorpresa estaba en que el regalo lo hacía el propio cumpleañero. Llàcer contó que disfruta compartiendo lo que tiene con sus amigos y que sus celebraciones responden a esa idea. Eso sí, la lista de asistentes tenía una condición: invitar a personas que le cayeran bien. Entre ellas podían aparecer conocidos de su entorno cotidiano, además de sus amistades más cercanas.

Una moto que había que ganar superando pruebas

La celebración correspondía a su cuarenta cumpleaños, bautizado como la fiesta del millón. Durante su visita al programa de Pablo Motos, emitida el 24 de junio de 2026, recordó otras fiestas con nombre propio: La grande fiesta, cuando cumplió treinta años, y La vie en rose, por los treinta y cinco. La de los cuarenta añadió una competición que fue reduciendo el número de aspirantes a la moto.

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De esta manera, los invitados tuvieron que afrontar retos de distinta clase. Según relató, hubo un test de inteligencia, una selección vinculada a la suerte y una prueba con un puzle. El desenlace incluyó una enorme bañera llena de chocolate: los participantes que habían llegado hasta allí debían meterse en ella, vestidos con un tanga, para buscar la llave de la motocicleta. La escena convirtió el regalo en un espectáculo.

El vecino de sus padres se llevó el premio

El ganador, según las declaraciones, fue el vecino que vivía debajo de sus padres. Ese detalle completa una celebración en la que la cercanía personal pesaba más que cualquier otro criterio para entrar. La moto no estaba reservada a un famoso ni a alguien de su profesión: formaba parte de un juego entre las personas que había escogido para acompañarlo.

Así pues, aquella fiesta fue mucho más allá de reunir invitados alrededor de una tarta. Llàcer organizó pruebas, reservó un premio extraordinario y consiguió que los asistentes participaran en la celebración. El recuerdo que llevó a El Hormiguero explica su gusto por montar acontecimientos con amigos: en su cuarenta cumpleaños, acudir a felicitarlo podía terminar con una llave de Harley-Davidson en la mano.