Andreu Buenafuente ha hablado con mucha sinceridad sobre lo que significa haber sido padre a una edad más avanzada de lo habitual. El humorista tuvo a su hija Joana con 47 años y reconoce que esa circunstancia ha cambiado profundamente su manera de mirar el tiempo. “Los padres mayores como yo nos agarramos al presente como clavo ardiendo”, explicó en La matemática del espejo, de RTVE.
Buenafuente habla incluso de una especie de “nostalgia del presente”. Hay momentos cotidianos con su hija que, mientras los está viviendo, ya sabe que algún día echará de menos. Una escena tan sencilla como Joana cogiéndole de la mano para decirle que vayan a dormir puede convertirse para él en uno de esos recuerdos que quiere conservar antes incluso de que hayan terminado.
Ser padre tarde le hizo mirar el tiempo de otra manera
La reflexión no parte de lamentar haber tenido una hija a esa edad, sino precisamente de ser mucho más consciente de cada etapa. Buenafuente sabe que cuando Joana llegue a determinadas edades él también será considerablemente mayor, y eso hace que valore de una manera distinta los años que ahora pueden compartir.
En aquella entrevista reconoció también algo que normalmente cuesta admitir: no le entusiasma la idea de hacerse mayor. Puede asumir que la vejez llegará y que intentará vivirla con dignidad, pero saber que el tiempo es limitado intensifica todavía más su voluntad de estar presente mientras su hija crece.
Los momentos más pequeños terminan siendo los importantes
Su manera de describir la paternidad se aleja bastante de los grandes acontecimientos. No habla únicamente de viajes, celebraciones o momentos extraordinarios. Lo que más le emociona son precisamente escenas domésticas que podrían parecer insignificantes para cualquier otra persona. Llevar a su hija al colegio, leer juntos o acompañarla antes de dormir adquieren otra dimensión cuando existe esa conciencia permanente de que la infancia pasa muy rápido.
Por eso Buenafuente utiliza la imagen de agarrarse al presente. Ser padre mayor le ha hecho pensar más en el futuro, pero paradójicamente también le ha enseñado a intentar vivir menos pendiente de él. La frase resume una manera muy concreta de entender la paternidad: saber que el tiempo no puede detenerse y, precisamente por eso, intentar estar realmente dentro de cada momento mientras todavía está ocurriendo.
