Andrés Iniesta nunca ha tenido ningún problema a la hora de admitir que ingresar en la Masía fue la mejor decisión que pudo tomar en su vida. Allí le formaron como jugador y como persona, y maduró muy pronto, una cosa que le permitió poder estar preparado para la presión mediática y la fama que tuvo que soportar cuando llegó al primer equipo. Y viendo cómo le fueron las cosas, es difícil imaginar que le podrían haber salido mejor de otra manera.
Probablemente, en caso de no haberse mudado a Barcelona tan joven, también hubiera llegado a la élite, viendo el talento natural que tenía para jugar al fútbol. Pero es prácticamente imposible de mejorar su carrera en el Barça, donde llegó a ser el capitán del primer equipo, y ayudó a conquistar cuatro Champions League, tres Supercopas de Europa, nueve Ligas EA Sports, tres Mundiales de Clubes, seis Copas del Rey o seis Supercopas de España.

Sin olvidar sus éxitos con la selección española, marcando el gol en la final del Mundial de Sudáfrica, que le dio la primera estrella a ‘La Roja’, en 2010. Y también ganó las Eurocopas de 2008 y de 2012, siendo el MVP en la última de ellas. No obstante, también vivió muchos momentos complicados durante su etapa en la Masía, como ha explicado. Porque no fue fácil separarse de su familia y de sus amigos, y marcharse de su Albacete natal siendo solamente un niño.
Iniesta ha desvelado que el primer año fue muy complicado para él, y que su adaptación fue lenta. Pasó muchas noches llorando, sin dormir, y pensando en volver a casa. Su voz se quebraba cuando hablaba por teléfono con sus padres, y no podía contener las lágrimas. Afortunadamente, tuvo la paciencia necesaria, y acabó siendo muy feliz. Pero no olvida esos momentos complicados, que le hacen valorar todavía más todo lo que ha conseguido, siendo un ejemplo de que merece la pena pelear por tus sueños.
El viaje más difícil en la vida de Iniesta
Iniesta ha hecho incontables viajes a lo largo de su carrera, visitando una gran cantidad de países, y jugando en la liga de Japón o en la de Emiratos Árabes Unidos. Pero no hay ninguno que se pueda comparar al que hizo por primera vez desde Albacete a Barcelona, cuando fichó por el Barça.
“Paramos por Tortosa a comer. No comió nadie. Mi madre lloraba, mi padre no tenía hambre, mi abuelo trataba de animarme... pero tampoco comía. El coche era un funeral, nadie hablaba”, explicaba el legendario centrocampista hace unos años en una entrevista.